15 de julio de 2024
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Una empresa redonda | Epílogo

  • Desde RRHHDigital os presentamos un capítulo nuevo del libro ‘Una empresa redonda: El viaje de Magallanes y Elcano que cambió el mundo’, escrito por Raquel Sánchez Arman y Jesús Ripoll, fundadores de Helpers Speakers.
  • En esta obra hacemos una revisión de la historia a través de las gafas del presente y relacionamos el viaje de Magallanes y Elcano siglos atrás con el viaje de las corporaciones en la actualidad.
  • No te pierdas cada semana un nuevo capítulo de ‘Una empresa redonda: El viaje de Magallanes y Elcano que cambió el mundo’.

“De la conducta de cada uno depende el destino de todos”

Alejandro Magno

Y llegamos al final de nuestro viaje, es el momento de reflexionar.

Esta es la historia de un fracaso. De un fracaso que se convirtió en una gesta sin precedentes, protagonizada por unos héroes curtidos en una vida perra y el salitre de mares desconocidos. El hambre y la desesperación para todos, la muerte para demasiados y la gloria solo para unos pocos elegidos, ese fue el balance de la hazaña. Tratamos de desmitificar o, mejor dicho, humanizar a sus protagonistas, con sus errores y sus miserias también visibles.

No olvidemos que los grandes fracasos nos regalan los mayores aprendizajes y favorecen los éxitos futuros. ¿La empresa fue un fracaso? Si atendemos al elevado coste humano y material que se sacrificó, sí, desde luego. Pero fue un rotundo éxito en aspectos de apertura, globalidad, modernización…, tanto, que cambió la concepción del Mundo.

Es la historia de quienes vivieron para contarlo y de quienes mu- rieron en el intento, unos valientes a los que ya casi nadie recuerda. Hemos querido rescatar del olvido las aventuras y desventuras de es- tos hombres que vivieron en primera persona hechos extraordinarios al otro lado del mundo, tan lejano y fascinante. Se atrevieron a ir más allá (Plus Ultra) de las Columnas de Hércules, desafiando a la lógica y a sus propios miedos.

Mientras Portugal nadaba agarrada al bordillo (hacía básicamen- te navegación de cabotaje costeando por África), aquellos españoles sin complejos se adentraron en el océano Atlántico, traspasando los límites conocidos y coronando la mayor epopeya de la navegación, de- mostrando que aferrarnos a una zona domesticada, puede impedirnos evolucionar.

Se descubren nuevas tierras, hombres gigantes de la Patagonia o tan menudos como en las Filipinas, costumbres y culturas peculiares, nuevos alimentos y sabores, una flora y fauna desconocida hasta en- tonces (favorecido también por el reciente descubrimiento de América)… Han visto que no hay monstruos marinos, que el mar no acaba abruptamente en una cascada y certifican que el hombre —con sus particularidades— es en esencia el mismo en todas partes; no camina boca abajo en el otro lado del Mundo o tiene la cara sobre el pecho. Se abandonan los mitos.

La expedición aportó luz, racionalidad y conocimiento científico, se implementaron innovaciones y avances que mejoraron exponencialmente las artes de navegación, la construcción naval y la logística. El mundo se conectó, los océanos dejaron de ser una barrera para volverse caminos que acercaban a las civilizaciones, abriendo nuevas oportunidades comerciales y poniendo fin a los pequeños universos endogámicos.

Según los derroteros y diarios de a bordo, se calcula que, entre ceñidas, bordos y travesías insulares, recorrieron unos 78.000 kilómetros (42.000 millas náuticas) completando en distancia no una, sino casi dos vueltas al mundo.

La exploración del Pacífico sumó once mil kilómetros de circunferencia a los mapas (Ptolomeo había errado al estimar la dimensión de la Tierra en un 28 %) y un inmenso océano, el Pacífico. Se dibuja, por primera vez, la verdadera imagen del mundo: ya no hay mares desconocidos, las fronteras y la mentalidad se ensanchan en un gran paso hacia la globalización, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Pigafetta, el cronista de la expedición, encarna la mentalidad del hombre siglo xVI donde el anhelo de fama empujaba a los hombres a afrontar inimaginables peligros. Se enrolaban en las más extremas aventuras para ser alguien, en pos de la gloria. El dinero era una consecuencia, pero no el principal objetivo. Nuestro influencer se embarcó para ver mundo y, como él mismo dejó escrito: “Para hacerme un nombre que llegase a la posteridad”.

Resulta triste el desconocimiento que se tiene en España de esta gran aventura. Un capítulo sumergido de nuestra historia que ahora empieza a salir a flote con motivo del quinto centenario. Pero ni eso lo hemos hecho bien. Los homenajes no están acaparando la atención mediática que se merecen, y eso que se han puesto a celebrar el aniversario tres años antes (con la salida de la flota y no cuando se cumplen realmente cinco siglos, que fue con la llegada de la Victoria a casa).

Si le preguntas a un anglosajón quién fue el primero en circunnavegar el mundo, responderá que Francis Drake. Sí, también dio la vuelta al mundo…, pero cuarenta y ocho años después y al estilo inglés: secuestrando al piloto luso Nuño da Silva, asaltando ciudades y barcos, robando el derrotero de Juan Griego… Todo un sir.

¿Qué hemos aprendido de esta aventura? Sin duda, que empren- der es mucho más complicado y estresante de lo que pensábamos. Magallanes se había lanzado a la aventura empresarial con un pálpito y basándose en algunas fake news. No había estrecho. O sí, pero era un río… La mentalidad de Magallanes, su imaginación y su determinación, el pensar “fuera de la caja” y usar globos terrestres ca- seros —en lugar de mapas planos— para comprender el mundo nos habla de lo especial y visionario que fue.

La expedición había cumplido con su misión de encontrar una nueva ruta a la Especiería. El paso existía y daba salida a un inmenso océano, pero estaba mucho más al sur. Daban fe de que América era un nuevo continente independiente. Pero, por encima de todo, habían alcanzado la gloria al logar circunnavegar por primera vez este inmenso planeta. Al final nació ese orgullo de pertenencia (que a todas las empresas les gustaría que sintieran sus colaboradores) y que, finalmente, florecería con los supervivientes de la expedición: yo estuve en la flota de las Molucas.

Dos palabras: aprendizaje y desarrollo personal. Nuestra flota se ha encontrado en una situación de constante aprendizaje, asumiendo los retos que se presentan, entrenándose emocionalmente cada día y viviendo siempre en el presente, aquí y ahora, con un espíritu de superación y supervivencia extremos. Han aprendido que un pequeño agujero puede hundir un gran barco, que los problemas que no se solucionan se enquistan y que la comunicación y la confianza son la base de toda relación. A menudo les puede el agotamiento y la frustración, van “sin viento en las velas”, pero su compromiso con la empresa, con la misión, y el equipo va a estar por encima siempre de individualismos.

Esa “resiliencia sistémica” de equipo que muestran es crucial para el éxito. La colaboración se hace imprescindible, la exigencia es máxima: sabrán estar a la altura. Ellos, como cualquier equipo de alto rendimiento, están muy unidos a los valores de su cultura empresarial y ostentan un sentido del deber inquebrantable.

Las empresas resilientes son capaces de gestionar la adversidad, reaccionar y adaptarse a los cambios con agilidad, solucionar contratiempos… Es indispensable, por tanto, la capacidad de improvisación, saber gestionar el estrés (postraumático, muchas veces), la toma rápida de decisiones y siempre mostrar una actitud resolutiva. Estamos hablando de supervivencia. Es vital contar con líde- res inspiradores, dotados de la experiencia necesaria, capaces de potenciar lo mejor de sus equipos, empáticos, innovadores y, en definitiva, que creen otros líderes.

¿Compensó tanto esfuerzo, tantas penurias? El estrecho era im- practicable: un rosario tortuoso de islotes y hielo, el azote de los temibles williwaws, con sus repentinas y tremebundas ráfagas… La nueva ruta era inviable. El propio Elcano confundió la entrada en la segunda expedición cuando pretendía embocarlo. Unas millas más al sur, se abre limpiamente el paso bioceánico del cabo de Hornos (Chile), descubierto oficialmente el 29 de enero de 1616 por los holandeses Williem Schouten y Jacob Le Maire. Aunque es otro de los mayores retos de la navegación y se dice que en sus aguas está fondeado el mismísimo diablo. Tres siglos después, en 1914 se inauguró el canal de Panamá que quitó todo el protagonismo al cabo de Hornos.

Elcano fue incapaz de contestar a la pregunta del millón (uno de los motivos de aquel primer viaje): ¿a quién pertenecían las Molucas? Ni él ni nadie podía entonces determinar su posición, habría que esperar doscientos cincuenta años para conocer la longitud, gra- cias a la medición de las distancias lunares. Para entonces, la ubicación de las Molucas no le importaba ya a nadie…

Como hemos comentado, el Tratado de Tordesillas no era concluyente respecto a la posición —y posesión— de las Molucas. Ambas potencias se echaron un pulso sin tregua y tras años de disputas y reuniones infructuosas (como la que tuvo lugar en Badajoz con cosmógrafos y navegantes de ambos países), finalmente, en 1529 España renunció a sus derechos sobre las Molucas por el Tratado de Zaragoza. Con las nuevas dimensiones del mundo parecía claro que pertenecían a la zona de influencia de Portugal. Después de tanta sangre derramada y tantas vidas que quedaron en el camino, el precio de las islas se cifró en 350.000 ducados de oro.

Carlos V hacía tres años que se había casado con Isabel de Por- tugal (y había que llevarse bien con la familia política). Además, quería centrarse en América, fuente principal de ingresos para la Corona, siempre falta de efectivo. Las nuevas tierras conquistadas por Hernán Cortes y Pizarro —especialmente el lucrativo descubrimiento de las minas del Potosí y Zacatecas— son un prometedor negocio que desvía la atención de la Especiería.

No obstante, antes de claudicar, la Corona organizó en 1525 dos armadas que partirían con un doble objetivo: asentarse en las Molucas y rescatar —o conocer la suerte corrida— a los compañeros desaparecidos en Cebú. La primera flota de rescate estaba capitaneada por García Jofre de Loaysa, con Elcano por debajo de este en el mando. La segunda, tuvo al mando a Sebastián Caboto.

Resulta incomprensible que, una vez más, Elcano ocupe un lugar por debajo de sus capacidades. En la primera armada, tuvo que esperar su turno mientras iba corriendo la línea de mando… y tuvieron que quedarse sin apenas hombres capacitados para que se le tuviera en cuenta. Recordemos que fue el quinto capitán tras Magallanes, Barbosa, Carvalho y Espinosa. Estuvo un año al mando de la Victoria, desde agosto de 1521 al 6 de septiembre de 1522, cuando llegaron a Sanlúcar de Barrameda.

En esta segunda expedición tampoco ostenta desde el principio el cargo de capitán de la flota, será el segundo de a bordo. Su momento le llega tras la muerte de Loayza en el Pacifico.

Juan Sebastián Elcano que sobrevivió a la furia de las tempestades, resistió el embate de epidemias, hambrunas, motines y emboscadas…

Al final de sus días se lo tragó la historia. Fallecería en el océano Pacífico el 4 o el 6 de agosto de 1526, apenas cuatro años después de su gran gesta, siendo —eso sí— capitán de la nave Sancti Spiritus. Solo hacía cuatro días que le habían designado.

Que las corrientes os sean favorables. ¡Buenos vientos y buena vida!

A los caídos.


*Epílogo del libro Un empresa redonda: El viaje de Magallanes y Elcano que cambió el mundo’ escrito por Raquel Sánchez Armán y Jesús Ripoll, fundadores de la agencia de motivación y formación Helpers Speakers.

Raquel Sánchez Armán y Jesús Ripoll, fundadores de la agencia de motivación y formación Helpers Speakers (apasionados de la historia, la navegación, el management y el desarrollo personal), reinterpretan la epopeya de la primera vuelta al mundo desde la perspectiva del management actual. En este libro podremos aprender de los aciertos —y de los errores— de aquellos hombres de hace 500 años, a través de la lección de liderazgo histórico que nos brindan. Embárcate junto a ellos en esta apasionante aventura.

Puedes adquirir el libro en Amazon o a través de Helpers Speakers, donde podrás personalizar el ejemplar para tus trabajadores.

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