Quedan días para que arranque el mes de mayor dispersión laboral del año. En las próximas semanas, miles de empresas españolas combinarán jornadas intensivas, vacaciones escalonadas y empleados teletrabajando desde segundas residencias, pueblos y destinos de playa. Una flexibilidad que las plantillas agradecen, pero que pone a prueba, como en ningún otro momento del año, una obligación que muchas compañías siguen gestionando de forma precaria: el registro diario de la jornada laboral, obligatorio desde 2019 también cuando se trabaja en remoto.
La paradoja del verano es que la actividad ya no se detiene —el Índice de Cifra de Negocios Empresarial del INE muestra que en agosto de 2025 la facturación apenas retrocedió un 0,7% respecto a julio en términos desestacionalizados—, pero sí se relajan los controles internos. El resultado, si no se corrige a tiempo: jornadas que se estiran sin que nadie las registre, horas extra silenciosas y registros reconstruidos de memoria en septiembre. Un cóctel caro: la ausencia o falta de fiabilidad del registro horario está tipificada como infracción grave, con sanciones de hasta 7.500 euros por trabajador, a lo que se suman las posibles reclamaciones por horas extraordinarias no abonadas, que en España, según la Encuesta de Población Activa, en casi la mitad de los casos no se pagan.
“El teletrabajo sin control del tiempo es una espada de Damocles para la empresa y para el propio empleado. La flexibilidad que se ofrece al teletrabajador puede convertirlo en un esclavo digital si no hay límites claros: ¿cuántas horas hace realmente en un día? ¿Ocho, diez, doce? Sin un registro fiable, nadie lo sabe, ni la empresa ni el trabajador. Y ante una reclamación o una inspección, es la empresa quien tiene que poder demostrar la jornada real, no al revés”, señala Joan Pons, CEO de WorkMeter.
La compañía española especializada en soluciones de registro de jornada, medición de productividad y gestión del teletrabajo ha identificado, a partir de su experiencia con más de 50.000 usuarios activos, los seis errores que las empresas deberían corregir antes de que empiece agosto:
Los 6 errores del registro de jornada en teletrabajo (y cómo evitarlos antes de agosto)
- Confiar en el fichaje «de memoria».En remoto, el fichaje manual se olvida, se corrige a posteriori o directamente se reconstruye a final de mes. Un registro que no refleja la realidad no solo no protege: puede convertirse en prueba de la falta de fiabilidad del sistema. La normativa exige un registro objetivo, fiable y accesible, y julio es el momento de comprobar que el sistema lo cumple, no septiembre.
- Dejar que la jornada se desdibuje.Sin oficina que abre y cierra, el día de trabajo se estira. Trabajar desde la playa o el pueblo agrava el fenómeno: microjornadas partidas, conexiones nocturnas, horas extra silenciosas que nadie registra… pero que sí generan derecho de cobro y responsabilidad para la empresa si el trabajador las reclama.
- Usar WhatsApp y el móvil personal como canal de trabajo.La Ley de trabajo a distancia obliga a la empresa a dotar de medios propios, y el trabajador no está obligado a usar su teléfono particular para fines laborales. Con los equipos a punto de dispersarse, el grupo de WhatsApp se convierte en la oficina por defecto, y en un riesgo legal directo. Definir ahora los canales corporativos evita el problema.
- Ignorar la «expectativa de respuesta».No hace falta obligar a nadie a contestar fuera de horario para vulnerar el derecho a la desconexión digital: basta con generar la expectativa de que se responda. Los tribunalesya han condenado a empresas por comunicaciones enviadas fuera de jornada. En verano, cuando parte del equipo descansa y otra parte teletrabaja, el riesgo se dispara — y conviene pactar las reglas del juego antes de las vacaciones, no durante.
- El descuadre entre registro y nómina.Si el registro horario dice una cosa y la nómina otra —horas extra registradas que no se pagan ni se compensan—, el propio registro se convierte en la prueba de cargo contra la empresa. Es uno de los primeros cruces de datos que se examinan en una inspección, y el cierre de julio es buen momento para revisarlo.
- El calendario laboral desactualizado, el riesgo invisible.Festivos locales del lugar real de teletrabajo, jornadas intensivas mal reflejadas, vacaciones no registradas: el calendario laboral es una obligación olvidada que sí se revisa, y agosto es el mes en que más errores acumula. Actualizarlo antes del parón evita sanciones por días sin registro ni ausencia justificada.
“La paradoja es que el registro de jornada bien hecho no es una amenaza, es una protección — también para la empresa. Un registro objetivo y automático es la mejor defensa ante una reclamación de horas que nunca se hicieron, y la mejor garantía para el empleado de que su tiempo y su descanso se respetan. Al final, una relación laboral es una actuación de buena fe por ambas partes, y la transparencia es lo que construye esa confianza”, concluye Pons.