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Javier Cantera, Presidente Grupo BLC y Fundación Personas y Empresas
Más vale una toma que dos te daré: horario y conciliación
POR Javier Cantera, Presidente Grupo BLC y Fundación Personas y Empresas, 00:00 | 04 de Septiembre del 2017
Más vale una toma que dos te daré: horario y conciliación

Este refrán recogido en El Quijote se refiere más a disfrutar lo que se tiene en el presente  que esperar a algo mejor, pero en un futuro y la mayoría de las veces incierto, y apela al sentido común destilado en su aplicación. Miguel de Cervantes recoge en este dicho popular muchos refranes populares que apelan a centrarse en lo real más que en lo posible y es muy útil en el comportamiento organizacional. 

Hay multitud de empresas que apelan a la felicidad de sus empleados, a la conciliación familiar del empleado y en fin, parece que están organizando la vida y decisiones muy personales. Para mí este es el mundo del que “te daré”, donde se engatusa con conceptos complacientes para obnubilar el esfuerzo diario. Me encanta una reflexión más pragmática en el mundo del “toma”, que es la gestión del horario. 

Los horarios flexibles y racionales son una realidad que posibilita el ejercicio de la libertad de cada empleado para ser feliz, conciliar o simplemente, ser dueño de su tiempo como persona. El horario es el toma que vale y la conciliación es un te daré con glamour. Se les llena la boca a las empresas con la conciliación cuando su obligación está en dotarse de un horario racional y controlado en la productividad y no en la presencia. El ser humano es único, no hay un ciudadano  y luego un trabajador, por tanto, debemos inscribir el horario como un instrumento de productividad. Con un concepto holístico de productividad, es decir, ser productivo en lo personal implica serlo en lo profesional. 

Es en la gestión de los horarios donde está la clave de la productividad y por tanto de la conciliación. La felicidad y la conciliación son consecuencia de un horario racional y una visión de la productividad. Como decía la teniente Ripley (Sigourney Weaver) en Alien refiriéndose al organismo de Alien, “su perfección estructural solo está igualada por su hostilidad”, el horario está en la configuración de nuestra actividad humana, y un mal horario genera menores oportunidades de productividad, de conciliación y de posibilidades de ser felices. El horario racional es condición sine qua non para poder pensar en conciliar. De aquí la exigencia de un horario racional es la principal medida exigible a la empresa.

En gestión de Recursos Humanos abusamos de conceptos sugerentes y molones para enmascarar la desagradable discusión del tiempo de trabajo. Pero el realismo debe imperar y es la dimensión del horario es la que tiene que plantearse previamente al “vender” conciliación. El filósofo moderno Byung Chul-Han en su libro la “Expulsión de lo distinto” nos dice que en los tiempos actuales aspiramos a proscribir de la vida toda negatividad, por tanto no hablamos de los viles horarios sino exaltamos las mieles de la conciliación y nos olvidamos que sin horarios racionales no hay conciliación.

Esta reflexión en torno a los horarios es muy actual, porque el horario no se puede asociar al sitio de trabajo cuando la tecnología ha roto las barreras espacio/temporal del trabajo. Se puede trabajar en cualquier lugar, a cualquier hora y con cualquier dispositivo. La ruptura del espacio y el tiempo de trabajo ligado al espacio nos lleva a tomar la importancia del horario como herramienta de gestión humana. Dice una leyenda africana que Dios castiga la soberbia del Baobab (árbol típico del desierto africano) tirándolo al suelo y volviéndolo a plantar cabeza abajo, algo así ha pasado con el debate del tiempo de trabajo. Ya no vale limitar los horarios sino tenemos que plantear “disponibilidades”, porque el horario es infinito tecnológicamente hablando. En este contexto es útil plantear el debate del horario racional en sus cuatro áreas de discusión y ratificar que el término “racional” es el modulador fundamental de esta gestión moderna de los tiempos de conciliación. Estos 4 debates son:

  1. Dedicación versus Disponibilidad.

No existe un horario fijo cuando todo el mundo está asociado a unos objetivos y no a una presencia. El debate de salir “todos a las 6” es del siglo pasado. Lo importante es la disponibilidad a partir de la 6 de la tarde precisamente. Por eso, no debemos caer en la tentación de la libertad horaria. El dicho que en esta empresa “no hay horario” es una trampa saducea. El no horario mental, ya que no puede ser laboral por la legislación, no es un avance. El debate consiste en cifrar tres partes de un horario que puede ser en tu trabajo, en tu casa o donde tu deseas trabajar, estas tres partes son Dedicación, Disponibilidad y Desenganche. Yo lo llamo el debate de las 3D que consiste en valorar tu tiempo en una aproximación al modelo del trabajo. Dedicación se refiere al horario que me encuentro trabajando, disponibilidad se refiere al horario que no estoy trabajando pero puedo atender peticiones de trabajar y el desenganche es el horario que no trabajo y no respondo. Este modelo de las 3D es la nueva configuración racional del horario, no se trata de un debate dicotómico de tiempo de trabajo y tiempo de ocio, sino un continuo tiempo de dedicación, disponibilidad y desenganche. Francisco de Quevedo decía que “Ninguna cosa despierta tanto el bullicio del pueblo como la novedad” y tenía razón, el debate está ahora en legislar el desenganche y yo creo más en una  discusión profunda sobre la disponibilidad. Está claro el mundo de la dedicación, trabajando donde sea y cuando sea en tu del trabajo y también está claro el tiempo en que no trabajo, pero ¿Cómo se define la disponibilidad?. Este tercer ámbito de tiempo creado por la tecnología nos jugamos la racionalidad de nuestro horario.

2. Flexibilidad versus Limitaciones.

Este segundo debate es muy importante para la gente porque entiende que es la flexibilidad horaria la clave de la conciliación, pero también es la base de la productividad. Encajar reuniones, poner normas para coincidir ,establecer límites está en la base de la valía de una política de flexibilidad horaria. Sin duda, la flexibilidad horaria es un valor per se para la productividad personal, pero como la productividad profesional es una continuación de la personal también hay que establecer una “constitución de tiempos”, limitando momentos y situaciones como  una variable moduladora del valor de la flexibilidad horaria. Decía W. Shakespeare “Que el destino reparte las cartas, nosotros las jugamos”, es decir, el modelo horario debe tener una holgura y flexibilidad y una limitación para ser productivo. Me hace gracia la política cuando se mete a regularizar la vida común y no caen en el sentido común, es ilógico salir todos a las 6 horas en un país como España (turismo, servicios y pymes) pero también es absurdo cuando se apuesta por una flexibilidad máxima, que hace improvisar reuniones no presenciales con perros ladrando y demoras por evitar tiempos compartidos. La flexibilidad horaria requiere de trabajar necesariamente los tiempos a compartir, porque el trabajo on-line necesita muchas salas de reuniones. 

Estoy de acuerdo en romper la idea de tener puestos asignados de trabajo en las empresas pero creo que el futuro está lleno de entornos de reuniones presenciales y con programación y seguimiento on-line. Llevar el debate de la flexibilización a la entrada y salida del horario  es una estrategia que se debe acompasar con unos criterios pactados de tiempo a compartir trabajos en la oficina. No debemos caer en glorificar el smart working olvidándonos de la importancia de la relación integral que se genera con la presencia. Tan malo es el presencialismo de bombilla (estar en el trabajo aunque no trabajes) que el ausentismo de jornada (no estar en el trabajo aunque haya trabajo). La gestión de los equipos necesita de tiempos de reuniones presenciales compartidas.

3. Engagement versus Obligaciones.

Este tercer debate es el más profundo, sin confianza y compromiso no hay un verdadero horario. Hoy día los entornos de trabajo requieren confiar en las personas su dedicación, disponibilidad y desenganche y no quedarse en un criterio de obligatoriedad del horario. Todas estamos asistiendo al ocaso del fichaje y control horario, no se debe visualizar el horario como control porque entonces el trabajo se convierte en obligación. El control horario es una herramienta de gestión personal y una exposición de tu compromiso. 

No se trata de reducir a un debate de buenos (empleado comprometido) y de malos (empleado celoso de su tiempo) sino superarlo en el plano de la productividad. No hay un trabajar bueno o malo, sino personas productoras en un tiempo y otras en otros. Por tanto, no podemos hablar de tiempos sino de objetivos. Como buen estratega decía Carl Von Clausewitz “En la táctica, todo encuentro resulta defensivo si dejamos la iniciativa al enemigo”, por eso, apostamos por el engagement de las personas para recabar su confianza horaria. Es básico, ser la empresa la que confíe en su gente desde el inicio para recibir el don de su productividad. Sin duda, que habrán empleados que se aprovechen, igualmente que en el fichaje antiguo había absentistas psíquicos (zombis con presencia pero sin alma). El debate del horario como apuesta de engagement es la superación de ver el horario como un derecho y un deber laboral. Tenemos que sacar el horario del debate del convenio colectivo y convertirlo en una apuesta clara de la empresa en el compromiso de sus empleados ¿y cuanto debate espureo de obligaciones nos encontramos en el seno de la empresa?.

4. Liderar versus Dirigir.

Decía mi abuelo que en el ejército lo fundamental era la retreta que es el toque para que los miembros de un cuartel se recojan a dormir y se les cuente, a veces creo que hay directivos que les gusta hacer la retreta todos los días. Lo importante es reunir a su gente, ver todo sus efectivos y lanzarles una arenga. Sin duda, está imagen es exagerada pero me gusta hablar con los Directores Generales que la tecnología ha hecho cambiar la forma de trabajar. El líder-influencer es aquel que sus efectivos están fuera de la empresa, en la empresa o en el webex de su ordenador, por tanto, tengo que cambiar las herramientas de liderar. Ser más líder porque no se puede dirigir desde el status sino desde el rol. Hay que ganarse la capacidad de influir por lo que compartes, lo que dices y lo que puedes exponer con tu ejemplo. Cuanto más tecnología, flexibilidad horaria, smart working más auténtico tiene que ser un líder. 

El líder que comparte, que hace que su rol se construya desde su aportación y que no tiene miedo a no saber sino a no saber reconocer un error es aquel que quiere los nuevos tiempos. ¿Ha cambiado el rol del líder con el smart working, y la nueva visión horaria?. Sin duda, porque hay que dirigir desde el engagement y no desde la obligación y porque en este maravilloso mundo de la dedicación, disponibilidad y desenganche necesita de hechos. Decía Esopo “Las palabras que no van seguidas de hechos, no valen nada”, pues hoy es más evidente que cualquier directivo necesita de “hechos” de liderazgo para influir en sus  empleados centrados en objetivos y apostando por el compromiso con la empresa.

Estos cuatro debates sobre el horario de trabajo son la base de la conciliación. Creo que es más realista hablar de dedicación, disponibilidad y desenganche que organizar la forma de conciliar familiarmente a los empleados. Que es más útil hablar de flexibilidad con limitaciones de presencia que pensar en horarios posibles que gestionar. Por otra parte, que el debate del engagement y el líder-influencer es necesario para que el horario sea vivido como una herramienta de productividad y no una obligación de convenio colectivo. 

En fin, que el hecho básico para conciliar es tener un horario racional. Ya está bien de hablar de los pájaros y los mares y aunque dar modelos racionales de tiempo para trabajar en una empresa. Y para acabar una leyenda medieval sobre la pólvora, que yo pienso que se puede asemejar al horario, todos sabemos que la pólvora sirve para hacer vías del tren o para hacer la guerra. Decía que un monje peregrino que venía de Oriente fue el que comunicó al abad del monasterio donde había pernoctado la receta de la pólvora (carbón vegetal, azufre y salitre), pero a la mañana siguiente, al verle irse, el hermano portero que bajo el ropón monacal le asomaba un rabo peludo. Era el demonio que dejaba para la posteridad un invento que iba a “dinamitar” la vida feudal europea. Creo que el debate del horario puede convertirse en demoniaco sino metemos sentido común. El mejor horario es aquel que es racional y no convertimos el tiempo de trabajo en una excusa. Por cierto, ya acabo porque ha acabado mi tiempo de trabajo.

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