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Enric Lladó, coach, conferenciante y escritor
Cómo gestionar tus nervios cuando hablas en público
POR Enric Lladó, coach, conferenciante y escritor, 00:00 | 22 de Junio del 2017
Cómo gestionar tus nervios  cuando hablas en público

Hablar en público es siempre una gran oportunidad para conseguir tus objetivos, dar a conocer tu trabajo y enriquecerte del contacto con otros profesionales. 

Y sin embargo, cada vez que te toca hacerlo, te pones de los nervios y en lugar de disfrutarlo, las pasas canutas. 

Si quieres aprender a disfrutar de tus intervenciones en público, si quieres sacarles el máximo provecho y lograr tus objetivos desde una potente sensación de control, aquí tienes cinco pasos muy sencillos y muy, muy poderosos: 

1- Prepárate como es debido. De lo contrario, te pondrás nervioso y con razón. Tus intervenciones en público son probablemente la parte más importante de tu trabajo, porque entre otras cosas, te juegas tu imagen profesional y personal. Por eso es clave que les dediques el tiempo que se merecen. No te la juegues. 

El tiempo mínimo de preparación de una intervención en público es de una hora por cada minuto de exposición. Esto quiere decir que preparar una exposición de veinte minutos requiere, como mínimo, veinte horas de preparación. Ese tiempo lo vas a dedicar a preparar tanto el contenido como también la puesta en escena, ensayando en voz alta. Una preparación excelente te dará muchísima seguridad. 

2- Antes de empezar tu exposición, emplaza todas las preguntas para el final. Después de preparar tan bien tu presentación, no tiene ningún sentido que te interrumpan en mitad de tu discurso y rompan tu hilo conductor, a no ser que sea absolutamente imprescindible. Por ello, antes de empezar, toma el liderazgo, hazte con el control y dile a todo el mundo que salvo que no estén entendiendo nada, que por favor, las preguntas las vayan anotando, que probablemente queden resueltas a lo largo de tu exposición, pero que si no es así, al final dispondréis de un espacio para clarificarlas. 

Si a pesar de ello alguien hace alguna pregunta durante tu exposición, si crees que responderla en ese momento es bueno, entonces respóndela. Pero si por la razón que sea no crees que sea constructivo responderla ahora, simplemente mándala con amabilidad al final de la exposición. 

Recuerda: el que marca las reglas es quien tiene el control. Cuando lo hagas, los demás simplemente te seguirán. 

3- Si te aceleras o sientes que pierdes el control: para, piensa, habla. Cuando estamos nerviosos, tenemos la necesidad de hablar sin parar porque pensamos que si nos quedamos callados vamos a quedar mal. Sin embargo, es todo lo contrario: el orador que habla y habla sin parar genera poca sensación de control, mientras que el orador que hace pausas para pensar y reflexiona antes de hablar, genera una gran sensación de seguridad y de control, precisamente porque con esos silencios se está haciendo con el control. 

Recuerda esto: el silencio es tu amigo. El silencio es necesario para que los demás reflexionen sobre lo que has dicho, genera mayor atención sobre lo que vas a decir, te permite pensar y por ello, en definitiva, quedarte en silencio te otorga el control. Cada vez que sientas que te estás acelerando, simplemente para, piensa bien lo que quieres decir y solo entonces, habla. 

4- Colócate cerca de la audiencia y mantén el contacto visual. Igual que es muy peligroso circular en coche sin mirar a la carretera, resulta muy estresante hablar en público sin mantener contacto visual, sin mirar las caras, sin poder recibir el feedback que te están enviando con su expresión y su corporalidad. 

Por ello es muy importante que siempre te coloques bien cerca de tu audiencia para que puedas ver bien sus caras e interaccionar con ellos con facilidad. Bájate del estrado o del atril y ponte siempre a su nivel. Reparte amablemente tu contacto visual uno a uno para hacer notar el poder de tu presencia y te sentirás mucho más cómodo y en control. 

5- Interactúa y haz preguntas a tu audiencia. La cosa funciona así: durante tu presentación, tú eres el que lidera, el que tiene el control. Por ello el que hace preguntas, eres tú. 

Te interesa mucho hacer preguntas porque te servirán en primer lugar para verificar si te están entendiendo. Además, vas a hacerles reflexionar en momentos clave de tu exposición que desees enfatizar. Por otro lado, te ayudarán a aumentar la atención y la intensidad emocional: cuando los oyentes saben que les pueden preguntar, se lo toman más en serio y asumen un rol mucho más activo. Eso es precisamente lo que quieres conseguir. 

Asegúrate de hacer preguntas fáciles de responder y también de felicitar y dar las gracias con mucha amabilidad a los que respondan. Y recuerda: la probabilidad de que alguien responda una pregunta lanzada al aire es inversamente proporcional al número de asistentes. Así que si tu audiencia es numerosa, dirige tus preguntas a personas concretas.

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