Durante generaciones, el verano ha sido sinónimo de descanso, vacaciones y desconexión. Todo se paralizaba. Sin embargo, en el entorno laboral actual, globalizado e híbrido, esa imagen ha quedado atrás. Cada vez más empresas mantienen su ritmo al máximo durante los meses estivales y lo que antes era temporada baja de actividad profesional, ha pasado a ser, para muchos, un periodo clave para eventos, estrategias y, sobre todo, viajes de negocios.
Los datos lo confirman: según la Asociación Global de Viajes de Negocios (GBTA), entre el 25 % y el 30 % de los desplazamientos corporativos en Europa ocurren entre junio y agosto. Sectores enteros, como la tecnología, las finanzas o el deporte, encuentran en el verano el momento perfecto para intensificar reuniones y colaboraciones. Ahora, con la recuperación total del turismo tras la pandemia y la normalización del modelo de trabajo híbrido, muchas empresas apuestan por viajes de negocios flexibles, en los que teletrabajo y presencialidad pueden combinarse.
Desde mi punto de vista, los viajes de trabajo durante el verano presentan una paradoja interesante: ofrecen oportunidades de crecimiento y expansión, pero también suponen un reto adicional al intentar equilibrar la vida profesional y la personal. ¿Cómo compaginar la apertura de nuevos mercados o el fortalecimiento de relaciones estratégicas con la realidad de que, en muchos hogares, el verano sigue siendo sinónimo de familia?
Aquí es donde las empresas tienen una responsabilidad ineludible. No se trata sólo de maximizar la productividad en época estival, sino de comprometerse genuinamente por el bienestar de sus empleados, y, en particular, por su conciliación laboral y familiar. Promover políticas y herramientas que lo faciliten ya no es sólo una ventaja competitiva, sino una obligación ética.
En este sentido, la tecnología juega un papel clave en este objetivo. Facilitar la conexión instantánea a través de soluciones como las eSIMs —que evitan la pérdida de tiempo buscando SIM extranjeras o redes WiFi poco seguras— permite que los equipos aterricen conectados y listos tanto para trabajar como para comunicarse con sus seres queridos. Así se eliminan dos de las mayores fuentes de estrés: la inseguridad y la desconexión.
Garantizar una conexión segura y eficiente en cualquier lugar, evita los riesgos para la información sensible de la empresa y permite que los trabajadores se centren en lo verdaderamente importante: cumplir sus objetivos sin que ello implique sacrificar su vida personal.
Viajar por trabajo en verano no tiene por qué ser visto como una carga. Si las empresas planifican con visión y empatía, el verano puede convertirse en la oportunidad perfecta para demostrar que el bienestar de los empleados no se va nunca de vacaciones.