1 de marzo de 2024

El salario mínimo español se situó en 2022 en 1.167 euros, creciendo un 65% desde 2016

El salario mínimo español se situó en 2022 en 1.167 euros, creciendo un 65% desde 2016
  • El Adecco Group Institute, el centro de estudios y divulgación del Grupo Adecco, presenta hoy la cuarta edición del Anuario del Mercado de Trabajo, haciendo un repaso a los hitos más destacados de 2022 en materia de economía, empleo y salarios, entre otras variables. Todo ello desde una óptica nacional, así como una comparativa con otros países.
  • En España, el salario mínimo se situó en 2022 en 1.167 euros, habiendo subido un 65% desde 2016. Es un nivel similar al de Estados Unidos, pese a que el PIB per cápita del país norteamericano multiplica por 2,5 al español. En Europa hay una gran diversidad de situaciones. Desde 8 países que no tienen un salario mínimo legal hasta otros 6 en donde el mismo supera los 1.700 euros mensuales.
  • Este 2022, el colectivo de parados registrados tuvo una reducción significativa, por debajo de los 3 millones, lo que no sucedía desde 2008. Aun así, España suma su 14º año consecutivo como el país con mayor número de desempleados de la UE, son casi a 1 de cada 4 del total comunitario.

Por cuarto año consecutivo, The Adecco Group Institute, el centro de estudios y divulgación del Grupo Adecco, analiza el contexto laboral, económico y social en España a raíz de los profundos cambios que han sucedido en los últimos años.

Para ello presenta el IV Anuario del Mercado de Trabajo, una recopilación de los aspectos más destacados del pasado año 2022 en materia de empleo (ocupación, desempleo y contratación), economía, evolución de la Seguridad Social, salarios, educación y formación, negociación colectiva y conflictividad laboral, población, salud y prevención de riesgos laborales. Una guía que aporta una visión panorámica de las diversas variables relacionadas con el empleo y los Recursos Humanos (información completa disponible en el IV Anuario del Mercado de Trabajo adjunto).

En palabras de Javier Blasco, director del Adecco Group Institute: “La economía terminó en 2022 la etapa “fácil” de recuperación tras el hundimiento que provocó la pandemia en 2020, entrando en 2023 en una etapa prevista como de crecimiento menor, si bien la evolución del primer cuatrimestre está -positivamente– rompiendo pronósticos. No obstante, el último tramo del 2022 trajo dos tendencias inquietantes: la caída en la producción industrial y la del número de empresas. A lo que el comienzo del año ha sumado el descenso en el consumo y el fin de la resistencia de los ingresos de los hogares, que empiezan a sucumbir a la inflación y los crecientes tipos de interés”.

“En términos generales, la creación de empleo se mantiene en niveles aceptables dado el difícil contexto económico general. Sin embargo, es un aumento del empleo que no alcanza para evitar la aparición de problemas en colectivos concretos (como los autónomos, que sufren un retroceso, o quienes buscan su primer empleo, que aumentan)”, continúa el director del Adecco Group Institute.

“Con la reforma laboral, ha crecido el empleo a tiempo parcial y los contratos indefinidos iniciales se multiplicaron por más de 4, si bien la cantidad de asalariados fijos-discontinuos se ha disparado un 42,7%, siendo esta modalidad el 35% de los contratos indefinidos. Por otro lado, el empleo por cuenta propia ha caído en 4 de los últimos 6 años mientras que el empleo público se ha multiplicado de forma sensible: el número de empleados públicos autonómicos crece un 102% entre 2002 y 2022, y su tasa de temporalidad supera el 30%”, continúa Blasco.

“Otra de las patologías de nuestro mercado de trabajo, el desempleo juvenil, se reduce, pero no logra contrarrestar el impacto del envejecimiento de la población, y por 14º año consecutivo, España es el país con mayor número de parados de la UE, al tiempo que la tasa de temporalidad española continúa entre las más altas de la UE y preocupa la evolución creciente de los desempleados de larga duración”, destaca el directivo del Adecco Group Institute.

Por último, Javier Blasco pone el foco en otro aspecto destacado de la economía de 2022 como es la evolución del salario mínimo: “Ahora que la inflación presiona a la baja el poder adquisitivo de los salarios (el poder adquisitivo del salario en 2022 fue equivalente al que tuvo en 1996) y que el acuerdo salarial entre patronal y sindicatos está prácticamente cerrado para los próximos 3 años, llama la atención el esfuerzo por compensar a las rentas más bajas: en España, incluyendo la parte proporcional de las pagas extraordinarias, el salario mínimo se situó en 2022 en 1.167 euros. Es un nivel similar al de Estados Unidos, pese a que el PIB per cápita del país norteamericano multiplica por 2,5 al español”.

La subida del salario mínimo

En España, el salario mínimo se situó en 2022 en 1.167 euros, habiendo subido un 65% desde 2016. En las primeras semanas de 2023 se aprobó un nuevo incremento, ahora del 8%, que volvió a acelerar el crecimiento de esta variable.

Si lo comparamos con otros países, es un nivel similar al de Estados Unidos, pese a que el PIB per cápita del país norteamericano multiplica por 2,5 al español.

En Europa hay una gran diversidad de situaciones. Desde 8 países que no tienen un salario mínimo legal (Dinamarca, Italia, Austria, Finlandia, Suecia, Noruega, Islandia y Suiza), hasta otros 6 en donde el mismo supera los 1.700 euros mensuales.

Tras el fuerte aumento del trienio 2016-2019 (37,4%), el salario mínimo interprofesional había moderado su ritmo de incremento hasta una media anual de un 3,6% entre 2019 y 2022.

Cuando se corrige el salario nominal (es decir, el salario ordinario mensual expresado en euros) de las variaciones del IPC, se obtiene el salario real. El salario real permite conocer las variaciones en el poder de compra del salario nominal.

El estallido inflacionario carcomió el 4% del poder de compra del salario en 2022. En 8 de los últimos 12 años, el salario perdió poder adquisitivo. Así, en 2022, la cantidad de mercancías y servicios que se pudieron comprar con el salario medio fue equivalente a la que se podía comprar en 1996.

En mayor o menor medida, todos los países más grandes de la UE vieron caer el poder de compra de sus respectivos salarios medios en 2022. Por caso, en Francia y Polonia la caída fue inferior al 2%, mientras que en Italia y Holanda superó el 5%.

En cambio, los datos acumulados de los últimos diez años arrojan resultados dispares, que van desde una ganancia del 15,2% en Polonia hasta una pérdida de un 7,3% en Holanda.

Analizando el salario medio de los diferentes sectores españoles, por segundo año consecutivo, el salario medio de los Servicios fue el que más aumentó. De esa forma, se alargó a cinco la serie de años consecutivos en que se reduce la diferencia entre el salario medio industrial (el más elevado) y el mismo de los Servicios. En 2017 el primero era un 19,9% superior al segundo; en 2022, esa ventaja se redujo a un 14%.

El paro en 2022

Este 2022, el colectivo de parados registrados tuvo una reducción significativa, que dejó su número por debajo de los 3 millones, lo que no sucedía desde 2008.

A pesar de estas positivas cifras, España suma su 14º año consecutivo como el país con mayor número de desempleados de la UE.

El 2022 fue el mejor año para la evolución del paro en la UE desde 2017. En efecto, en 2022, el número de parados se redujo en todos los países, con la sola excepción de Rumanía. Sin embargo, España continúa siendo el país de la UE con mayor número de parados, con poco más de 3 millones, que equivalen casi a 1 de cada 4 del total comunitario.

Respecto a la tasa de paro en España, esta bajó 1,9 puntos porcentuales hasta el 12,9%, que es su nivel más bajo desde 2008 y, por ejemplo, menos de la mitad de lo que era en 2013.

Por segundo año consecutivo, nuestro país se mantuvo con la mayor tasa de desempleo de la UE. Junto con Grecia, es el único país de la Unión con una tasa de paro superior al 10%. En el otro extremo, cuatro países tienen tasas de paro inferiores al 3% o menos, por lo que pueden considerarse en pleno empleo. Son Alemania (3%), Malta, Polonia (2,8% en ambos casos) y República Checa (2,3%). 

Los datos nacionales

Si atendemos a la distribución geográfica, el paro bajó en todas las autonomías, lo que no ocurría desde 2018, pero subió en las dos ciudades autónomas. El descenso en las autonomías fue muy dispar. Se registraron descensos marcados, como los de Baleares y Canarias (superiores al 20%) y otros mínimos, como los de Asturias y la Comunidad de Madrid (inferiores al 2%).

La tasa de paro bajó en todas las comunidades autónomas, con la sola excepción de Asturias. También se incrementó en ambas ciudades autónomas. Por primera vez desde 2008, con la excepción de las ciudades autónomas, no hay ninguna región con una tasa de paro superior al 20%: la mayor tasa de paro corresponde a Andalucía, y es del 19%. El País Vasco es la única comunidad con una tasa de paro inferior al 9%. 

La progresiva recuperación económica

El conflicto bélico en Ucrania, la inflación y la crisis energética han puesto en peligro la recuperación económica tras la pandemia, pero las cifras de 2022 muestran algunos avances, sobre todo en el empleo.

En 2022 se alcanzó el mayor nivel de empleo desde 2008. La continuidad de la creación de empleo permitió alcanzar los mayores niveles de ocupación de los últimos 14 años. Esto último tiene el mérito adicional de haber sido posible pese a que la población activa de 2022 fue de casi 400.000 personas más que en 2019.

Como se destaca anteriormente, por segundo año consecutivo, la población activa (ocupados y parados que buscan activamente empleo y no lo encuentran) creció más que la inactiva. Sin embargo, los 23,40 millones de activos de 2022 son ligeramente menos que los que había en 2012.

Así, la tasa de actividad (porcentaje de la población de 16 o más años de edad, que vive en viviendas familiares, que trabaja o busca empleo) creció por segundo año consecutivo, lo que no sucedía desde 2010. Eso le permitió recuperar su nivel de 2019: 58,6%. Sin embargo, aún permanece casi 2 puntos porcentuales por debajo del máximo alcanzado en 2012. Esa diferencia se explica casi en su totalidad por la tasa de actividad masculina, ya que la de mujeres quedó a solo 2 décimas de su máximo histórico de 2012.

La tasa de empleo (proporción de la población de 16 años o más que trabaja) siguió en fuerte recuperación, llegando al 51,1%, la más alta desde 2008.

Atendiendo a la afiliación, esta alcanzó un nuevo máximo histórico por segundo año consecutivo, superando por primera vez los 20 millones de afiliaciones.

Las mujeres

La COVID-19 castigó más duramente a las mujeres en el mercado laboral, pero durante la sostenida recuperación la tasa de empleo de mujeres alcanzó un nuevo máximo histórico en 2022: 45,9% (+1,1 puntos porcentuales que en 2019).

La recuperación ha sido más decidida en el caso femenino. Excluyendo el atípico 2020, ya van cuatro años en que el empleo femenino crece más deprisa que el de varones. Por eso, los 9,43 millones de mujeres trabajando son un máximo histórico, mientras que los 10,97 millones de varones ocupados resultan 1,1 millones menos que en 2007.

La participación de las mujeres en el empleo total aumentó hasta el 46,2%, lo que marca un nuevo máximo histórico. Entre 2017 y 2022, mientras el número de varones trabajando creció un 6,8%, el de mujeres lo hizo un 10,1%. Las mujeres captaron el 55% de los nuevos empleos en dicho período.

El incremento de la afiliación fue, una vez más, más marcado en el caso de las mujeres. De hecho, el máximo histórico de afiliaciones se logra gracias al empleo femenino: el número de varones ocupados fue en 2022 un 4,9% menor que el máximo alcanzado en 2007; al mismo tiempo, hay un 17,5% más de mujeres ocupadas que en dicho año. En otras palabras: hay 544.100 varones ocupados menos que en 2007, pero hay 1,4 millones de mujeres ocupadas más que entonces.

Los grupos de edad

Por otro lado, observando la recuperación según las franjas de edad, el empleo se recuperó en todas las franjas de edad por segundo año consecutivo, lo que no ocurría desde 2006. El mayor incremento del número de ocupados volvió a corresponder a los menores de 25 años (+14,5%), por lo que alcanzaron su mayor nivel de empleo desde 2010.

El progresivo envejecimiento de la población se deja ver con claridad: el empleo de personas de entre 25 y 39 años, que en 2001 era el 40% del total de ocupados, ahora es el 30,4%. En cambio, las personas de 60 y más años de edad, que entonces eran el 4% del total de ocupados, ahora equivalen al 8,7%.

Volviendo a la afiliación, esta vez según la edad, el máximo histórico de afiliaciones se explica solo por el empleo de las personas de 45 y más años de edad, de los cuales hay 1,77 millones más de ocupados que en 2007, y son el 20% de los ocupados; en 2002 eran el 10,8%.

En cambio, los menores de 25 años ocupados, pese a ser el grupo que más aumentó su empleo por segundo año seguido, suma 609.700 ocupados menos que entonces. Por su parte, hay 305.200 ocupados menos de 25 a 55 años que en 2007.

Los sectores de actividad

La crisis de la COVID-19 tuvo un impacto muy diferente entre los sectores de actividad y se cebó con los sectores más afectados por los confinamientos, como la Hostelería y el Comercio, de igual modo que, junto a la Tecnología, la Alimentación y la Agricultura, hubo un crecimiento en la Salud y la Educación.

Después de dos años de la irrupción de la pandemia, la Hostelería fue, entre las principales ramas de actividad y por amplia diferencia, la que más incrementó el número de ocupados en 2022. Sin embargo, junto con Comercio, son las únicas que no recuperaron el nivel de empleo de 2019.

En el otro extremo, las ramas de Salud y Educación tuvieron en 2022 un 10,8% más de ocupados que en 2019. 

Teniendo en cuenta la afiliación, al igual que el año pasado, el sector primario se destacó por ser el único que continuó perdiendo empleo. El caso opuesto es el de Información y comunicaciones, que no dejó de ganar empleo ni durante la pandemia.

De acuerdo con los datos de afiliación, la Hostelería lideró la recuperación, con un incremento de un 13,4% en su número de ocupados, que le permitió volver a su nivel de afiliados de 2019.

La Industria, el Comercio y el Transporte aceleraron su ritmo de incorporación de mano de obra, mientras que lo contrario ocurrió con la Construcción. 

La distribución geográfica

Respecto a la recuperación en las autonomías, en 2022 creció el empleo en todas las autonomías, con la sola excepción de Asturias.

Canarias (+10,6%), Baleares (+7,1%) y la Comunidad Valenciana (+6,0%) obtuvieron los mayores incrementos. Los resultados más desfavorables correspondieron a Asturias (-1,8%), Aragón (+0,9%) y la Región de Murcia (+1,3%). Asturias y Aragón son las únicas autonomías que no recuperaron en 2022 el volumen de empleo que tenían en 2019, es decir, antes de la pandemia.

Atendiendo a la afiliación, el número de afiliados a la Seguridad Social volvió a crecer en todas las autonomías, así como en ambas ciudades autónomas. Eso alcanzó para que todas las comunidades recuperaran sus respectivos niveles de afiliación previos a la pandemia, de 2019, aunque eso no ocurrió en las ciudades autónomas.

Pese al máximo histórico de afiliación para el total nacional, hay seis regiones que aún no lograron superar sus niveles de empleo de 2007 (antes de la anterior crisis): Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Galicia y La Rioja.

Sector público, privado y autónomos

El crecimiento del empleo de 2022 se explica por un aumento del número de asalariados, ya que el empleo por cuenta propia se redujo (ha caído en 4 de los últimos 6 años). A diferencia de 2021, en 2022 fue el sector privado el que más incrementó su cantidad de asalariados.

Dentro del empleo por cuenta propia hubo diferencias: mientras disminuyó el número de autónomos (no tienen personal a cargo) y del grupo “Otros”, aumentó la cantidad de empleadores.

El empleo total de 2022 fue solo un 0,9% inferior al de 2007 (189.000 ocupados menos). Pero el empleo por cuenta propia es ahora un 13,2% más bajo que entonces (477.000 personas menos) y el empleo asalariado es un 1,7% mayor (284.000 ocupados más).

El número total de asalariados del sector público aumentó por octavo año consecutivo, alcanzando un nuevo máximo histórico, ahora con 3,49 millones. De ellos, poco más de 2 millones (casi el 60% del total) corresponde a las comunidades autónomas.

En los últimos 20 años, el número de empleados públicos de las autonomías creció un 102%, en tanto que el de las Administraciones Locales lo hizo un 30,8%. Por su parte, la Administración Central (incluyendo la Seguridad Social), redujo un 33,9% su número de empleados.

El impacto de la Reforma Laboral

El 28 de diciembre de 2021 se publicó el Real Decreto – Ley 32/2021 que estableció una nueva reforma laboral que entró en vigor el 31 de diciembre de 2022. La norma introdujo cambios sustanciales en materia laboral y en este informe podemos ver algunos de los efectos que ha provocado en el empleo.

Una de las prioridades de la reforma fue darle prioridad a la contratación indefinida frente a la temporal, y parece haberlo conseguido. En 2022 los contratos indefinidos iniciales se multiplicaron por más de cuatro, para llegar casi a 5,7 millones. Al mismo tiempo, la conversión de contratos temporales en indefinidos superó largamente el millón. Así, la suma de contratos fijos iniciales y conversiones de temporales a indefinidos alcanzaron a poco más de 7 millones, frete a 2,1 millones del año anterior.

Así, la reforma laboral tuvo un impacto decisivo en la firma de contratos. Se disparó la firma de contratos indefinidos, por el impulso que la reforma otorgó a los fijos-discontinuos. Por el contrario, la reforma desalentó los contratos temporales, que se redujeron con fuerza, en especial los contratos por obra y servicio. Del impulso a los indefinidos y el desaliento a los temporales surgió un retroceso en el número total de contratos firmados.

 

Otra de las novedades de la reforma fue la irrupción de la figura de los contratos fijos-discontinuos. Por ello, alteró por completo la composición de los contratos, potenciando a estos fijos-discontinuos, y por ende a los indefinidos, y relegando a los contratos temporales.

Los contratos fijos-discontinuos, que eran marginales, se multiplicaron casi por 9, pasando de 262.900 a 2,3 millones. Al mismo tiempo, los contratos indefinidos tradicionales se duplicaron, tanto a tiempo completo como parcial.

En cambio, la firma de contratos temporales disminuyó un 34,7% hasta 11,3 millones, que son menos de los firmados incluso en años de crisis, como 2012 o 2013, y el menor número, al menos, desde el año 2000.

En palabras de Javier Blasco, director del Adecco Group Institute: “La fotografía de los fijos-discontinuos como nuevo paradigma de la calidad y sostenibilidad del trabajo, merece una reflexión y es una de las áreas de mejora del cambio legislativo. Las empresas han perdido flexibilidad y soluciones a las legítimas necesidades de cubrir necesidades de contratación temporal, y deberán convivir con otras fórmulas, estables o pseudo estables, de ocupación”.

Otro de los objetivos principales de la reforma era reducir las elevadas tasas de temporalidad de nuestro país. Así, el empleo temporal tuvo su retroceso más grande desde 2009, debido a esta reforma laboral que potenció el uso de los contratos fijos-discontinuos en detrimento de los temporales. De hecho, el número de asalariados fijos-discontinuos se disparó un 42,7%, para pasar a representar el 2,9% del total de asalariados, que es su mayor marca histórica. La proporción de temporales en el total de asalariados bajó hasta un 21,1%, la más baja desde 1987.

Aun así, la tasa de temporalidad española continúa entre las más altas de la UE, concretamente es la segunda más elevada. Quince de los 27 países de la UE mostraron un incremento en la proporción de empleados temporales en 2022. En España, en cambio, esa proporción tuvo la reducción más grande, como ya hemos dicho, por el impacto de la reforma laboral que impulsó los fijos-discontinuos.

Por último, la reforma laboral, al desalentar la contratación temporal, derivó en una reducción del número total de contratos de puesta a disposición, que bajó hasta 3,6 millones (por ejemplo, menos de los que se firmaron en 2017).

También como consecuencia de la reforma, más de 1 de cada 8 contratos de puesta a disposición firmados fueron fijos-discontinuos, mientras que los contratos por obra o servicio, que en 2021 habían sido el 37% del total, en 2022 equivalieron al 18%.

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