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¿Es Dios el próximo Influencer de la empresa? Llega la 'Revolución Real'

Ya existen empresas en Estados Unidos y Latinoamérica que funcionan ya integrando el mensaje y Amor dentro de la compañía y están teniendo grandes frutos. Y ahora también lo estamos haciendo en España y en Europa.

POR Ramon J. Fonte (Instituto de Transformación Empresarial), 05:00 - 23 de Mayo del 2022
¿Es Dios el próximo Influencer de la empresa? Llega la 'Revolución Real'

Está llegando una gran revolución a la sociedad que también va a iniciarse en las empresas. Dios ha dejado de ser entendido como un concepto de la asignatura de religión o un libro de normas a seguir y se está empezando a comprender e interiorizar su mensaje, un mensaje que fue en su día la fuerza transformadora y creadora de nuestra cultura Occidental. Gracias a retiros como Emaús, Effetá, proyectos como Alfa  y demás instrumentos, se está consiguiendo que Dios vuelva a estar en la ecuación ya que desde el siglo pasado se le ha barrido de nuestra sociedad.

Y qué ha ocurrido en la sociedad desde que nos hemos cargado a Dios. Desde que en el siglo pasado dimos por finiquitado a Dios, las cosas cada vez han ido a peor. Estamos viendo una sociedad que está obsesionada por destruir los pilares que nos han llevado al progreso, por dividir pueblos y personas al haberlo relativizado todo. Todo es división y destrucción. Y todo eso ¿por qué?, porque cuando hemos sacado a Dios de la ecuación, ha entrado en el juego otro dios en minúsculas. Un dios irreal, pero muy poderoso, un dios que está inmerso en nuestra sociedad y en las empresas: el dinero.

El hecho de tener un propósito genera que las personas sigamos unos valores que están asociados a la consecución de dicha finalidad. Los valores son las grandes directrices que, como las señales de trafico, nos hacen ir por un camino u otro. Son esas señales que nos dicen por dónde, cómo y qué tenemos que hacer para poder llegar a nuestro fin, a conseguir nuestro propósito. 

Y ¿cuáles son las señales de tráfico o valores intrínsecos que surgen de ir por este camino sin Dios o con un dios en minúsculas que es el dinero? Lo que vemos en nuestra sociedad; egocentrismo o individualismo en alza, codicia, soberbia, envidia, la destrucción del contrario, el miedo, el poder, la división, y todo ello lo único que genera es destrucción, desorden o soledad. 

Nos hemos olvidado de quién es Dios, el Dios con mayúsculas, el que cautivó a tantos que murieron por Él. Ese Dios que algunos llaman energía, otros hablan del bien, y yo hablo de Jesús. Aquel hombre/Dios que vino, no solamente a darnos una clase de religión, sino a darnos las señales y el camino para poder tener una vida plena. Porque confundir a Dios con solamente religión es como confundir las matemáticas con una cuenta de explotación o con la llegada del hombre a la luna. Una cosa es la asignatura y otra cosa es su mensaje y lo que aporta el llevarlo a cabo. Las matemáticas son la clave para poder progresar científicamente y el mensaje de Jesús es la clave del humanismo.

Es curioso porque veo en las Business Schools y escuelas de management que se habla mucho de grandes inspiradores y líderes de la historia como  Alejandro Magno, Julio César, Winston Churchill o Margaret Thatcher, pero nadie se atreve a hablar de Él, una persona que sin dejar nada escrito ha sido la más influyente de la historia. Una persona que ha sido inspiradora de más de la mitad de las mayores obras de arte de la historia, monumentos y construcciones. Jesús, un hombre Dios que revolucionó la sociedad. Un ejemplo de liderazgo, ejemplo de vida y transmisor de ese mensaje transcendente, claro y contundente. Alguien que quizás se nos impuso, sin comprender la importancia que tenía y por ello hemos relativizado o eliminado al creer que es un obstáculo para el progreso. Alguien que nos habló de plenitud y de amor.

Hablar de plenitud no es fácil, porque existen la plenitud real pero también una plenitud que es más artificial o de plástico. Además, se confunde muchas veces el termino plenitud con el lo que denominamos felicidad. Ahora está también de moda hablar de felicidad en las compañías, de buscar la felicidad del empleado. Hay empresas incluso que ya han implementado la figura del Chief Happiness Officer (CHO), persona que está emperrada en que seamos felices. 

Pero la felicidad no se puede exigir, la felicidad es un estado emocional placentero. Y la búsqueda de la felicidad como finalidad puede llegar a crear también personas egocéntricas y narcisistas, ligadas a ese dios en minúsculas que es el dinero y capaces de destruir su entorno para su propio interés, para ser felices. No se puede exigir la felicidad. Eso es lo que pasa por ejemplo en algunos regímenes totalitarios donde todos tienen que ser felices, y al que no lo es, le castigan. Pero la plenitud es diferente. La historia nos enseña muchas personas que aún no teniendo nada o incluso estando encerradas en cárceles o teniendo vidas muy pequeñas y a las que consideraríamos desgraciadas, estaban felices porque se sentían plenas. 

Porque la plenitud es efecto de seguir ese mensaje, la plenitud la defino como un estado cognitivo superior al racional, que surge de una experiencia real de un hecho trascendente que transforma nuestra visión del mundo generando una permanente paz interior, alegría y certeza del hecho vivido (Psicología de Plenitud, 2022). La felicidad está más unida a una emoción, al cambio, la plenitud es el resultado de la transformación, la felicidad está unida a una modificación para adaptarnos al entorno, la plenitud está unida a la transformación de creencias esenciales, de modificar la esencia. La felicidad viene de lo material, la plenitud de lo trascendental (Psicología de Plenitud, 2022).

Así como pasa en nuestra sociedad, las empresas son también reflejo de la perdida de Dios en la ecuación. Muchas empresas intentan transformar su cultura con programas de responsabilidad social corporativa, promoviendo valores considerados más humanos e intentando hacer más humana una organización que en la realidad sigue estando anclada en esa cultura del dios en minúsculas (que es el dinero) y en los valores que surgen de ese propósito: división, falta de comunicación, miedo, soberbia, egoísmo… Pensemos en nuestra organización, cómo es la cultura de nuestra organización, la cultura real, es decir, la que se da en la realidad, no la que debería ser por ese intento baldío de integrar un humanismo de plástico.

Pero todo se transforma cuando modificamos ese dios en minúsculas y ponemos en el centro de las operaciones y en el centro de una empresa al Dios en mayúsculas y su mensaje, cuando introducimos la cultura del cuidado y ayuda a los demás. Cuando ponemos realmente el Amor y a Dios en el centro, las personas se transforman y los valores son el efecto de ese Amor central que surge y que es el motor que mueve a la gente, amor por lo que hacemos, amor por dar un servicio de calidad, amor ayudando al que lo necesita (El Alma de la Empresa, 2020). Pero Amor no significa “buenismo”, Amor significa exigencia también. Amor, Valores y resultados tienen siempre que ir de la mano.

Porque el ganar dinero no tiene que ser un dios. El dinero es la sangre en un organismo, es necesaria. Que una empresa gane dinero, que sea rentable es imprescindible, sin dinero no funciona nada. Pero el dinero no es un fin en sí mismo, el dinero es la consecuencia, es el resultado de poner Amor, de cuidar los unos de los otros y cuidar toda la organización al cliente, que es la razón de su existencia. Estar pendiente de aportar lo mejor a los demás, de pensar en los demás, de ser para los demás (El Alma de la Empresa, 2020).

Quizás lo que digo haga saltar alarmas a algunos. Quizás lo que digo haga que muchos piensen que soy un iluminado o que se me ha ido el entendimiento. Porque lo más fácil es ser racional y pragmático. Pero todo lo contrario, esto que digo es fruto de toda mi trayectoria profesional trabajando en muchas compañías y en muchos proyectos de supuesta transformación. Hay que superar la barrera de la inteligencia empírica y racional que nos limita a no ver más allá, a no ver la certeza de lo trascendente y cómo ello puede ser la clave de la verdadera transformación.

Porque lo fácil e inteligente en nuestra sociedad es cargarse a Dios, o peor dicho, ignorarlo o adorar a ese dios en minúsculas que es el dinero y el poder. Pero lo difícil es lo que estoy haciendo, hablar de su certeza y decir que Dios es realmente importante en la ecuación, porque, Él es amor, pero amor verdadero y responsable. Amor que es la clave para la transformación real a empresas de tercera generación más solventes, tecnológicas  y realmente humanas.

Y eso ya lo estamos viendo hoy en día. Ya existen empresas en Estados Unidos y Latinoamérica (más de 200) que funcionan ya integrando el mensaje y Amor dentro de la compañía y están teniendo grandes frutos. Y ahora también lo estamos haciendo en España y en Europa. 

Queremos que llegue ya esta revolución que todo lo transforma. His Way at Work (HWAW) nace en España, no para imponer, sino para testimoniar lo que está pasando. 

De la mano del Instituto de Transformación Empresarial, estamos ayudando y acompañando a aquellos directivos, empresarios o empresas que tengan esta necesidad, esta curiosidad o esta llamada. 

Porque creemos que las empresas no deben ser el producto de lo que pasa en nuestra sociedad, sino al contrario, las empresas deben ser protagonistas, ejemplo y vehículo de transformación de la sociedad para tener una sociedad que sea camino de algo que ansiamos todos, la plenitud real.

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