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Descubre si tienes una actitud tóxica en el trabajo y claves para protegerte de la compañía dañina

  • Consideramos tóxicos a aquellos compañeros de trabajo que suelen destacar por sus continuas quejas y enfados en la oficina. 
  • Los psicólogos de ifeel dan las claves en este informe para trabajar con ellos codo con codo al tiempo que aconsejan cómo gestionar la ira para no convertirte en uno de ellos.

POR RRHHDigital, 12:15 - 30 de Septiembre del 2021
Descubre si tienes una actitud tóxica en el trabajo y claves para protegerte de la compañía dañina

En la oficina no todo es trabajar, gran parte de lo que sucede tiene que ver con los sentimientos. Es normal que nos enfademos por algo con lo que no estamos de acuerdo; reaccionar ante lo que nos indigna es natural y hasta cierto punto normal. Sin embargo, si con frecuencia nos entregamos indiscriminadamente a la expresión y desfogue de nuestro enfado en la oficina podemos convertirnos en personas tóxicas con las que al equipo le cueste comunicarse o compartir tareas. 

Asimismo, formar parte de un equipo en el que alguien se comporta de manera tóxica, puede ser muy negativo tanto para el resultado laboral como para la atmósfera en la oficina. Por ello, los psicólogos de ifeel recomiendan que, en el caso de trabajar cerca de una persona tóxica, sigamos estos ejemplos:

1. No te dejes contagiar (ni contagies) por su estado de ánimo. 

Ten presente que tú no eres esa persona, sus problemas no son tus problemas, sus problemas no lo son todo. Se trata de hacer un ejercicio de distanciamiento mental y emocional, de diferenciación, para no quedar fagocitados por su estado de ánimo.

Igualmente se trata de pensar que tus palabras, conductas, acciones, esfuerzos, ideas, errores y sus consecuencias sí son tu responsabilidad.  

2. No te quemes intentando cambiar lo que no está en tus manos.

Está bien animar a los demás e intentar mostrarles otros puntos de vista para que se sientan mejor, pero cuando alguien no está en disposición de atender a razones tampoco es nuestra responsabilidad modificar su humor. Vale más dar un paso atrás y esperar a que esa persona lo gestione a su ritmo.

3. No dejes que la persona y su ira marquen la agenda. 

Es necesario que a las personas tóxicas les pongamos límites y de agradecer que nos los pongan cuando somos nosotros quienes tenemos una actitud tóxica. 

A través de esos límites podemos manifestar que estamos escuchando y comprendiendo a la vez que podemos expresar asertivamente que no vamos a aceptar como nuestro algo que no nos corresponde. Un cortafuegos a tiempo siempre es una buena solución, como expresar que es necesaria la concentración y que si no hay alguna solución a la vista será mejor continuar con lo que toque hacer en lugar de que todo se pare.   

4. Límites físicos y temporales.

Si se tiene la posibilidad, desde ifeel proponen cambiarnos de sala de trabajo. Tanto si descubrimos que nuestras palabras están intoxicando el ambiente como si lo hacen las de otra persona. 

En el caso de tener una reunión presencial podemos dedicarnos un momento antes a reflexionar y respirar para tomar conciencia del presente. No permitas que un compañero tóxico pase de convertirte en su público a convertirte en su cómplice involuntario.  

5. Concéntrate en tus asuntos y no alimentes más el enfado de esa persona. 

Si hablar de ello la va a calmar, adelante, pero si la enciende más, es mejor extinguir su conducta mediante la retirada de atención. Si estáis trabajando juntos muestra tu comprensión, pero recuérdale que tenéis cosas que hacer y que os tenéis que centrar en la lista de tareas pendientes.  

Para evitar convertirnos en un compañero tóxico

Como empleados debemos adquirir ciertas habilidades en torno a la inteligencia emocional y que tienen que ver, básicamente, con nuestra capacidad para reconocer, sentir, expresar y regular las emociones que se despiertan en nosotros, en este caso en la oficina, especialmente cuando son muy intensas. Los psicólogos de ifeel aconsejan gestionar la ira en el trabajo a través de estas sugerencias: 

  1. Respetar el espacio emocional de los demás, no invadirlo. Los demás no tienen la culpa de lo que nos ocurre y además puede que no lo entiendan o que necesiten seguir concentrados en sus tareas. Tienen derecho a no verse contagiados por nuestro estado de ánimo y a que este no interfiera en el funcionamiento del equipo, al menos durante mucho tiempo. Por eso es importante que, si estamos muy enfadados, tengamos en cuenta que el clima laboral lo respiramos todos y debemos evitar contaminarlo. 
  2. Contención y regulación emocional. Las emociones suelen aparecer de manera repentina y en ocasiones nos invaden de una manera muy intensa. Es difícil parar la ola de una emoción cuando ya se ha iniciado, pero es importante saber estar con esa vivencia sin desbordarnos, hasta que consigamos que ese movimiento interior finalice el recorrido que necesita hacer. Ser capaces de hacerlo es especialmente útil si estamos en medio de la oficina, trabajando con nuestros compañeros, con el jefe mirando, etc. Para ello, los empleados deben contar con habilidades para entender y regular sus emociones. 
  3. Buscar aliados para el desahogo. Algo que no falla nunca para intentar calmarnos es buscar consuelo, protección y comprensión en ciertos compañeros. Siempre que sea posible, vale más parar y pasar un rato charlando con un compañero hasta sentirnos más tranquilos que recalentarnos en nuestro enfado y estar dándole vueltas mientras intentamos seguir con nuestra tarea a toda costa. Es importante orientar esta conversación de desahogo hacia la calma y no hacia calentar más los ánimos. 
  4. Buscar lugares y actividades para el desfogue. A veces no es posible contar con el apoyo directo de un compañero comprensivo cuando estamos realmente enfadados y necesitamos despotricar contra el mundo. En esos casos conviene, por lo menos, pasar unos minutos tranquilamente en algún espacio de la oficina en que no molestemos a nadie y podamos tomarnos un momento para calmarnos. Quizá salir a la calle y dar una vuelta a la manzana o, si la empresa cuenta con algún espacio de esparcimiento, emplearlo para desviar de nuestro interior la emoción intensa de rabia con la que hemos conectado. 
  5. Orientar la emoción hacia la solución del problema. Es importante, permitirnos sentir la emoción y contenerla adecuadamente para no dejar destrozos a la hora de expresarla. Sin embargo, en la vida en general y en el contexto laboral en particular, lo óptimo es desplazar nuestra atención hacia una posible solución del problema tan pronto como sea posible. A veces lo que nos enfada no es algo en lo que podamos influir sino una orden que tenemos que acatar o una decisión que ya se ha tomado. Otras veces hay un margen para propuestas, que pueden surgir en nuestra mente una vez que nos hemos serenado y hemos comentado el asunto con los compañeros. Aprovechemos esa vía para sacar algo constructivo del mal rato que nos hemos llevado y que, quizá, también hemos hecho pasar a los demás

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