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Lorenzo Rivarés, Director Centro Empleo y Selección en Grupo EULEN y portavoz de ASEMPLEO
Alivio de luto: artículo ganador de la V Edición del Premio Literario RRHH Digital
POR Lorenzo Rivarés, Director Centro Empleo y Selección en Grupo EULEN y portavoz de ASEMPLEO, 00:00 - 04 de Marzo del 2014

Siete años duró la guerra en la que todos perdieron familiares y seres queridos. Tras la guerra, el rey Arturo decretó un año de luto, un año en el que llorar y aprender de los errores que llevaron a la tragedia. Y por fin había pasado el luto, así que Merlín, el mago de la Corte, preparó una gran fiesta sorpresa para su rey, para celebrar que había llegado el momento de volver a construir y empezar de nuevo.

En la fiesta el rey bebió y comió, bailó y rió. Todos se acercaban a él para agradecerle los muchos favores recibidos, y proponerle soluciones que harían del reino un mundo mejor. Merlín también presentó su solución:

─Majestad, he creado la capa de la sabiduría, quien la lleve sabrá resolver al instante todos los problemas.
Y puso sobre el rey una hermosa capa de color rojo carmesí, adornada con piedras preciosas que reflejaban la luz, haciéndole parecer más brillante y alegre.

─Con esta, capa Majestad ─prosiguió Merlín─, podrá saber al instante quién trabajará por el reino con lealtad, en qué campos debe invertir para obtener las mejores cosechas, qué deben enseñar en el colegio los maestros, cómo repartir las riquezas entre la nobleza, qué leyes harán el reino más justo, y además tendrá control sobre los tributos.

Pero el rey sabía que la magia no es más que trucos que se desvanecen cuando el charlatán finaliza la actuación, así que desconfió de Merlín:

─No debemos pasar del luto al jolgorio sin haber aprendido nada, ni de la austeridad al dispendio, y si quiero un reino mejor no quiero magia sino rodearme de los mejores sabios que… ─ Sonó el despertador.

¿Despertador en el siglo VI? Arturo soñaba con historias extrañas desde que el médico le había recetado aquellas pastillas para sobrellevar el estrés del ERE. Ser director general de una empresa que había reducido su facturación a la mitad durante la crisis era un trabajo muy estresante, y sólo las pastillas le permitían dormir y poder tener ánimo para levantarse a luchar al día siguiente. Sin embargo esa mañana parecía distinta, posiblemente porque tocaba cerrar la contabilidad del año y por fin se habían abandonado los números rojos. Mientras se afeitaba y se miraba fijamente a los ojos en el espejo, repitiéndose como cada mañana “tú puedes”, no pudo evitar una sonrisa: era gracioso compartir nombre y casi cargo con el protagonista del sueño. Además, como el rey de su sueño, también él comenzaba a construir.

─Para construir lo más importante son las personas ─se dijo Arturo. Y nada más llegar a la oficina llamó a Edmundo, su director de Recursos Humanos, un tipo adorable e incapaz de llevarle la contraria.

−Edmundo, debemos comenzar a construir, así que finiquita hoy mismo todas las negociaciones pendientes del ERE. Tenemos que incorporar los mejores profesionales, darles los mejores medios para alcanzar cuanto antes las metas más elevadas, y darles la mejor de las formaciones. Lo necesito todo ya mismo, cueste lo que cueste.

Edmundo comprendió rápidamente la idea de Arturo:
─Tienes razón, hay que poner en marcha la maquinaria de producir profesionales, y para ello necesitaré que valides y apruebes cada una de las decisiones. Tú mejor que nadie sabes qué candidato se comprometerá con nuestra compañía, qué cursos aseguran el retorno de la inversión, dónde está el equilibrio entre la rentabilidad y compartir los beneficios con los empleados, cómo negociar el convenio colectivo para lograr el máximo beneficio común. Además, identificas al instante los líderes naturales, y tienes en la cabeza nuestro cuadro de mando para saber en qué debemos redoblar esfuerzos. ─Y concluyó─: creo firmemente que, cuando hagamos públicos los números del cierre de la contabilidad, debemos montar una
fiesta para celebrar que, contigo al frente, se acabó la crisis.

La idea de hacer públicos sus resultados sedujo a Arturo: se merecía una fiesta en la que recibir gratitud por los esfuerzos realizados, y además seguramente a todo el mundo le vendría bien un poco de diversión. En la fiesta Arturo bebió y comió, bailó y rió. Todo el mundo se acercaba para agradecerle los buenos resultados, y para proponerle soluciones que harían de la empresa un lugar mejor. Arturo se sintió cansado, y decidió ir al servicio para despejarse. Se lavó la cara, como hacía todas las mañanas, se miró a los ojos en el espejo diciéndose “tú puedes”, y por fin tenía la sensación de haberlo conseguido. Una voz interrumpió ese momento mágico. Era Hugo, el becario, que había decidido sincerarse con el gran jefe:

─Bonita fiesta de autocoronación, en la que hemos de estar alegres por sus resultados… que hemos conseguido entre todos. Sin embargo la gente piensa en los últimos despidos del ERE, la congelación salarial, la ausencia de formación y en la contratación nuevos directivos a golpe de talonario. No tenemos una explicación de por qué se han tomado las decisiones y hacia dónde va esta empresa. Es como si usted estuviera encantado vistiendo una capa de alegres colores, mientras el resto de la empresa viste de luto todavía mirando el pasado.

Arturo recordó de su sueño la importancia de evitar a magos y aduladores, y se dio cuenta que llevaba tiempo cegado por ellos y alejado de la realidad. Abrazó a Hugo, le dio las gracias, y volvió a la fiesta, dándola por finalizada con un discurso de clausura:

─No debemos pasar del luto al jolgorio sin haber aprendido nada, ni de la austeridad al dispendio. Tengamos respeto y prudencia por todos nuestros esfuerzos y por todos los que han caído en el camino, que no olvidemos también nos han traído hasta aquí. No es momento de celebración, aunque tampoco podemos detenernos por la pena; y, si quiero una empresa mejor, no quiero aduladores, sino rodearme de los mejores profesionales que…

─Cantó el gallo.

¿Cantó el gallo en el siglo XXI? El rey Arturo soñaba con historias extrañas desde que Merlín había ideado unos brebajes para poder dormir y sobrellevar la pena de la guerra que tantos años duró. Sin embargo, tras un año de luto, esa mañana parecía distinta, posiblemente porque se sentía con fuerzas para liderar su reino hacia un futuro mejor. Mientras se afeitaba
y se miraba fijamente a los ojos en el espejo, repitiéndose como cada mañana “tú puedes”, no pudo evitar una sonrisa. Era gracioso compartir nombre y casi cargo con el protagonista del sueño, así que decidió hacer caso a sus enseñanzas: buscar consejo lejos de los magos y aduladores de la Corte, buscar consejo en los sabios del mundo real.

El rey Arturo preguntó al alfarero, a la frutera, al leñador y al herrero, y todos coincidían en que los mejores consejos eran los de Beartiz, la campesina viuda que, en otros tiempos, había sido escribana en la Corte.

El rey halló a Beatriz en el campo, en el duro trabajo de arar la tierra con sus bueyes.

─¿Por qué prefieres un trabajo tan duro como éste en lugar de trabajar en la Corte? ─preguntó el rey Arturo.

─En la Corte está la realeza, pero no el mundo real, y yo necesito conocer la vida porque me la gano dando los mejores consejos ─contestó Beatriz, y prosiguió─: Reinar un reino, gobernar una hacienda o ser cabeza de familia es conseguir que todos anden acompasados. Si he de decidir a qué hijo le daré estudios, he de pensar cómo se lo explicaré al resto. Si quiero determinar qué hijo será mi heredero, he de saber quién es el más adecuado y cómo compensaré a los demás para que no se sientan agraviados. Si quiero fijar las reglas que hemos de respetar, deberé tener en cuenta que son reglas para todos, y que deben mantener la casa libre de deudas. Y si tengo que reprender a un hijo díscolo deberé pensar en sus hermanos, para que vean que las normas no dependen del cariño sino de la justicia. Si un rey aprende a pensar en los demás, podrá conseguir un reino que ande acompasado, y comprobará que ésta es la única manera de llegar lejos.

─Continuó Beatriz─: el alivio de luto que llevamos las viudas sirve para manifestar que respetamos el pasado, pero que también estamos luchando por abrirnos al futuro. Igual que hacemos las viudas, rey Arturo, no debe vos celebrar con jolgorio, ni vestir la capa de Merlín, sino ponerse un traje de faena, mostrando al reino respeto al pasado e ilusión con el futuro. Y recuerde al Arturo de su sueño, que teniendo muy cerca de sí sabios como Hugo, con lucidez para ver los errores y lealtad para decirlos, lo mantenía lejos de su lado, revelando a su reino que nada iba a cambiar. No será suficiente con darle un abrazo y las gracias, debe situarlo a su lado para…– Sonó el despertador.

Siete años había durado la crisis, pero aquella mañana era distinta, porque Arturo empezaba a entender el alcance de la frase “lo más importante son las personas”.

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