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Arturo de las Heras, CEO del CEF
La importancia del liderazgo en las organizaciones
POR RRHH Digital, 01:00 - 13 de Febrero del 2013
La importancia del liderazgo en las organizaciones

RRHH Digital La RAE define al líder como “persona a la que el grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora”.  Teniendo en cuenta esta definición, deberíamos preguntarnos qué debe tener un líder para que el resto de miembros de la organización lo sigan. En definitiva, a preguntarnos qué cualidades debe poseer un buen líder.

En mi opinión, se puede identificar a un buen líder cuando es reconocido como tal y seguido por los demás integrantes de su equipo no sólo por su posición jerárquica, sino por disponer de una serie de aptitudes y actitudes que lleven al grupo a conseguir los mejores resultados.

Entre las aptitudes más destacables deben encontrarse dos: el conocimiento del negocio y la capacidad de marcar objetivos que motiven a los integrantes del grupo.

El conocimiento del negocio es importante en cuanto a que el líder debe saber dónde quiere llevar a su equipo, puesto que no debemos olvidar que el grupo le sigue como orientador. La capacidad de motivar a los integrantes del equipo es vital, pues no hay que olvidar que las empresas son la suma de las personas que trabajan en ellas y que la suma del trabajo de todas ellas es la que aporta resultados. Un gran líder debe extraer lo mejor de todos sus integrantes para ponerlo al servicio del equipo y de ellos mismos.

Tan importante como contar con estas aptitudes que comentaba es disponer de una actitud de liderazgo, pues una actitud de liderazgo permite a las organizaciones descubrir oportunidades y, por tanto, abrir nuevos mercados. Pero, ¿cuál es esa actitud?

Una actitud de liderazgo es la suma de un conjunto de conductas. Hemos de tener claro que no existe el líder perfecto que aglutine todos los atributos que veremos a continuación, pero sí que existen unas maneras de actuar que permiten distinguir al mero jefe del verdadero líder.

Para empezar, un líder debe tener visión. Con esto no quiero decir que deba ser un visionario, sino que sepa identificar las oportunidades cuando se le presentan. Probablemente, quien veía en 1980 que todos tendríamos un teléfono móvil en el bolsillo probablemente no pudo monetizar esa visión. Quien es consciente de que en 2013 todos lo llevamos y encuentra nuevas formas de solucionar problemas gracias a ellos sí.

Debe dominar las habilidades sociales, sabiendo a quién hay que contactar, cuándo y cómo hacerlo para conseguir los objetivos marcados. Esto no aplica solamente a su público externo, un buen líder debe saber escuchar a sus empleados, porque así puede adelantarse a los problemas o encontrar oportunidades.


Tan importante como saber escuchar es que el líder sepa comunicar. Una de las principales virtudes que debe poseer es la capacidad de impartir un discurso claro y sencillo de entender para el resto del grupo.

Para conseguir la cohesión y el respeto de su grupo, todo liderazgo debe predicarse con el ejemplo, pues el trabajador ha de ver que el líder se involucra y que no pide algo que él mismo no daría. Las actuaciones injustas o poco éticas se convierten en malos ejemplos para el grupo y se ven repetidas en las diferentes escalas de responsabilidad, por lo que el líder debe actuar siempre bajo unos principios morales.

El líder persiste cuando las cosas no funcionan o no se consiguen a la primera y mantiene una actitud optimista que contagia y arrastra al resto del equipo, generando un ambiente positivo que incita a encontrar nuevas oportunidades y a pensar diferente. Esto es importante, puesto que para buscar resultados distintos no se puede hacer siempre lo mismo. Por ello, el líder necesita ser creativo, buscar nuevos caminos, otras formas de hacer las cosas que ayudarán a la empresa a crecer y a conquistar nuevos mercados.

En esta búsqueda de nuevos caminos el líder debe implicar al resto del equipo. Un buen líder conoce las capacidades de cada uno de sus subordinados y sabe sacar lo mejor de ellos en beneficio de la empresa. Sabe alentar los talentos de cada uno de los integrantes de su equipo para conseguir los objetivos marcados y es humilde: no se siente amenazado porque algún miembro de su equipo le reste protagonismo.

Uno de los atributos más importantes que denotan liderazgo es la capacidad de tomar las decisiones adecuadas en un corto espacio de tiempo, lo que no implica actuar sin pensar. El buen líder “para, respira, piensa y actúa”. Es una persona de acción pero también de reflexión que acepta que el riesgo existe y, lo más importante, que asume las consecuencias de sus errores sin escudarse en otras personas ni buscar excusas.

Los jefes que, en más o en menos, atesoren las aptitudes y actitudes descritas se convertirán en líderes para sus grupos y les servirán de guía en la conquista de nuevos mercados.

Pero, como decía, no existe el super-líder, puesto que nadie es perfecto. Analicemos al paradigma de liderazgo en la empresa en los últimos 30 años, Steve Jobs.
 
No cabe duda de que Jobs fue un visionario que atesoraba un gran conocimiento de negocio y una gran capacidad de motivar a sus trabajadores, a los que supo sacar lo mejor de sí mismos para llevarles a cambiar al mundo. Era un ejemplo de auto-exigencia con su trabajo y se apoyó en sus privilegiadas dotes comunicativas para conseguir que sus empleados mantuvieran esos mismos estándares de exigencia.

No obstante, Steve Jobs no fue un líder perfecto. Cometió errores que le llevaron a ser expulsado de su propia compañía y tenía un área de mejora muy amplia en las habilidades sociales. Le faltaban la humildad y la capacidad de escucha y a menudo actuaba de manera despótica con sus trabajadores.

Estoy convencido de que lo más importante no es ser el perfecto líder, sino aprovechar nuestras virtudes y pulir nuestros defectos para convertirse en el mejor líder posible para tu propia empresa. Esto nos llevará a mejorar nuestros resultados, identificar oportunidades de negocio y conquistar nuevos mercados.

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