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Adrián González Blanco, redactor de RRHHDigital
De qué estaríamos hablando (y quejándonos) si...
POR Adrián González Blanco, redactor de RRHHDigital, 00:01 - 23 de Marzo del 2020
De qué estaríamos hablando (y quejándonos) si...

En estos días de confinamiento, hay tiempo, mucho tiempo. Aunque, eso sí, desde mi perspectiva de periodista que trata la actualidad del sector de los RRHH y el mundo laboral, en estos momentos, no hay tanto. Pese a ello, hace unos días eché la vista atrás y sí, 15 días antes había una vida, una vida previa a la llegada del coronavirus a nuestras vidas. La gente iba y venía, a su trabajo, al gimnasio, a tomar algo con sus amigos o a visitar a la familia. La gente iba al supermercado y al comercio de turno sin pararse a pensar, de forma automática. La gente saludaba a sus vecinos, daba abrazos y besos a sus personas queridas. Hace medio mes, la vida seguía su cauce habitual.

Y esa vida cotidiana que tanto echamos de menos ahora también estaba llena de quejas. Si ahora nos quejamos por estar encerrados en casa, por no poder ir a tomar algo o por no poder acudir al supermercado con asiduidad, antes nos quejábamos de otras muchas cosas. Entonces, a modo de reflexión, os hablo de aquello de lo que nos estaríamos quejando si esta pesadilla del coronavirus no hubiese tenido lugar.

Nos estaríamos quejando de...

Nos quejaríamos del transporte público, de los retrasos en el Cercanías y de las aglomeraciones en el Metro. Nos quejábamos de los atascos que nos hacían llegar estresados al trabajo y que sacaban lo peor de nosotros mismos. Y ahora lo echamos de menos.

Nos quejaríamos de nuestro jefe, de nuestro compañero, de nuestro cliente porque parecía que nos hacían la vida más difícil, que siempre nos ponían obstáculos a nuestro bienestar, a nuestra zona de confort. Y ahora les echamos de menos.

Nos quejaríamos de nuestra carga de trabajo, de nuestro escaso sueldo o de las pocas vacaciones que tenemos. De que este año no podríamos hacer el viaje soñado y nos tendríamos que conformar con otro tipo de vacaciones. Y ahora, muchos, echan de menos esa carga de trabajo que les mantenga activos y no aburridos.

Nos quejaríamos del presencialismo, de esa manía española de estar horas y horas delante del ordenador sin pensar en lo productivo que podrías ser en otros lugares: desde casa, desde el sofá, desde un hotel, desde un avión. Y ahora echamos de menos nuestro escritorio en la oficina, junto a los compañeros, incluso junto al que peor nos pueda caer.

Nos quejaríamos de no poder conciliar con nuestras familias a las que apenas veíamos unas horas cada día. De qu teníamos poco tiempo para trabajar y cuidar de nuestras familias. De que llega la Semana Santa y el calendario escolar no se corresponde con el laboral. Y ahora echamos de menos tener un espacio para nosotros mismos.

Nos estaríamos quejando de que las cuotas no son equitativas. De que hay muy pocas mujeres en puestos directivos, de que hacen falta casi 100 años para cerrar la brecha salarial, de la escasez de mujeres en el sector TIC... Y ahora, con una salud que no distingue entre hombres y mujeres, lo echamos de menos.

Nos quejaríamos de que -y es lo menos importante- unos partidos políticos digan que hubo X personas en la manifestación del 8M y otros digan que hubo X+mil. Y ahora echamos de menos ese debate. Y ahora preferimos esos debates absurdos a los conflictos que existen en la actualidad.

Nos estaríamos quejando de que si viene una crisis, que si hay una recesión y que si volvemos a 2008. De las dudas de las empresas que habían detenido sus procesos de contratación 'por si las moscas'. Y ahora preferimos esas dudas a la casi certeza que tenemos.

Nos estaríamos quejando del conflicto de Cataluña, de la mesa de negociaciones y de si Pedro Sánchez estaba dando demasiado el brazo a torcer. De si Torra y compañía lo único que querían es romper España. Y ahora, preferimos ese debate a otros que tenemos ahora.

Nos estaríamos quejando de que nuestros amigos hablan demasiado por el grupo de WhatsApp, que nuestras madres son muy pesadas cuando nos tiramos dos horas al teléfono, que nuestros padres son muy cabezones y nunca nos dan la razón, que nuestros abuelos están demasiado preocupados hablando siempre de los mismos temas, que si no comemos saludable, que si no tengo dinero para salir o irnos de vacaciones, o para comprarnos la última videoconsola del mercado. 

De todo esto nos estaríamos quejando...

... pero también hablando de...

Pero no todo serían quejas. Porque los españoles somos muy dados a quejarnos de todo pero también a disfrutar de la vida y de la gente que nos rodea al máximo. Y nos lo estaríamos pasando muy, muy bien sin tener que hablar y/o preocuparnos del coronavirus. 

Estaríamos hablando de las buenas cifras de desempleo en el mes de febrero. De que el paro registra su mayor descenso en febrero de los últimos tres años tras bajar en 7.806 personas. Que el número total de desempleados (3.246.047) es el más bajo en este mes desde 2008. De que la contratación indefinida también supone la cifra más alta en febrero desde 2009.

Estaríamos hablando de que, un año más, la manifestación del 8M había congregado a millones y millones de hombres y mujeres por toda España. Que el sentido común se sigue imponiendo en nuestra sociedad y que la mayoría de los españoles apostamos por la igualdad, la del sentido común, más allá de cuotas o porcentajes.

Estaríamos hablando de que España se sitúa en el top 10 del liderazgo femenino a nivel mundial con 9 de cada 10 compañías con al menos una mujer directiva. De que por primera vez en la historia se contabilizan más de 1,5 millones de mujeres mayores de 55 años trabajando.

Estaríamos hablando de las Fallas, de qué político era el más gracioso en las obras de arte que cada año se queman en Valencia. Y también estaríamos hablando en el beneficio económico que suponen para la ciudad y la Comunidad y de la cantidad de empleo que mueven.

Estaríamos hablando del Día del Padre y del aumento de las compras debido a los regalos que millones de niños les hacen a sus padres. 

Estaríamos hablando de la Semana Santa, que ya está a la vuelta de la esquina. De dónde me iré de vacaciones o de cuánto empleo se generará en uno de los puntos más importantes del año para el mercado laboral español. De que este año se iban a batir nose cuántos records en contratación para ese periodo. 

Estaríamos hablando de que el empleo en el sector TIC crecía a buen ritmo, pese a una ligera recesión en las perspectivas de las empresas empleadoras. Que la tecnología en España daba mucho, muchísimo trabajo y que es un área a seguir mejorando e invirtiendo en ella.

Estaríamos hablando del cambio climático, de que el invierno había sido muy cálido y la primavera había llegado muy fría, de que no llovía y la polución en Madrid era escandalosa, de que los polos seguían derritiéndose... Y ahora seguimos hablando de ello pero en positivo, porque una de las cosas buenas que ha traído esta crisis es el tiempo de descanso que le estamos dando a la naturaleza para recuperarse.

Hablaríamos de ponernos en forma para el verano, de ir con los amigos a tomar unas cañas, de celebrar un cumpleaños con una noche loca, de visitar a los familiares, de ir al pueblo, a la playa o la montaña, de echar un partido de fútbol, de baloncesto o de pádel, de ir a ver una carrera de coches o de bicis o de caballos. Hablaríamos de cómo seguir disfrutando de nuestra vida como lo sabemos hacer.

Pero, pese a ello, puñetero el bicho, el endemoniado Covid-19, el maldito coronavirus no nos deja ver más allá. Pensemos en aquello de lo que nos quejábamos antes y aprendamos a quejarnos menos; y pensemos también en aquello de lo que hablábamos antes (y que no valorábamos tanto) para que este virus no nos quite esa alegría y esas ganas de vivir la vida al máximo que tanto nos caracterizan. Pensemos en positivo. ¡Ánimo!

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