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Marta Grañó, Profesora en ESADE y Directora Asociada en Huete&Co
La vida exige agilidad
POR Marta Grañó, Profesora en ESADE y Directora Asociada en Huete&Co, 00:01 - 21 de Marzo del 2019
La vida exige agilidad

Nuestra época es una época de alta complejidad y baja estabilidad, por lo que son necesarias organizaciones ágiles y flexibles. Por grande y poderosa que sea una organización, no se podrá mantener mucho tiempo haciendo lo mismo del mismo modo. Dentro de cinco años, no estará haciendo lo que hace ahora o, si lo hace, no lo hará del mismo modo.

Los cambios constantes que se producen en nuestro entorno tienen su impacto en las empresas, y son los responsables de que:

  • los modelos de negocio cambien cada vez de un modo más rápido. Basta con mirar a nuestro alrededor para comprobarlo. Las empresas se enfrentan a la necesidad de adaptarse a lo que busca el cliente y las que tienen éxito son las que consiguen ese objetivo;
  • disminuya la esperanza de vida de las empresas de forma sensible.  La esperanza de vida de las empresas ha caído de forma significativa: las empresas que conformaban el índice bursátil S&P 500 en 1.940, tenían una expectativa de vida de 60 años, en 2.015 está expectativa es de apenas 15 años, con tendencia a continuar disminuyendo;
  • y las empresas que son líderes de mercado pierdan ahora más rápidamente sus posiciones, los ciclos de vida de los productos en muchas industrias se han acortado y los modelos de negocio son mucho más dinámicos.

La supervivencia de las empresas depende de muchos factores -sabemos que tiene que ver con cambios en la demanda, cambios en la competencia, errores humanos, gestión del cambio y que correlaciona con la propia edad de la empresa y con su tamaño-  pero, sin duda, un aspecto fundamental son las personas que forman parte de la organización. Ante cualquiera de los aspectos señalados, la capacidad de anticipación y de reacción de las personas será la que marque la diferencia para la empresa. Las empresas necesitan agilidad. Las personas que forman parte de la organización deben ser capaces de captar qué está ocurriendo en su entorno y de responder a los cambios que se producen.

Es por ello que muchas organizaciones están adoptando el enfoque Agile.

Agile nació en el ámbito de desarrollo de software, pero su aplicación se ha extendido a prácticamente cualquier ámbito.

El Manifesto Agile

Los orígenes del Agile se sitúan en 2001, cuando se firmó el ‘Manifesto Agile’, un documento en el que se establecían los principios ágiles, no centrados en prácticas, metodologías o procedimientos de trabajo, sino impulsando un cambio de mentalidad, una nueva cultura organizativa basada en cuatro pilares:

  • Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas.
  • Producto funcionando sobre documentación exhaustiva.
  • Colaboración con el cliente sobre negociación contractual.
  • Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan.

Estos cuatro valores se concretaron en 12 principios, para definir el marco de trabajo de un equipo ágil:

  1. La mayor prioridad es satisfacer al cliente mediante la entrega rápida y continua de ‘software’ con valor.
  2. Se acepta que los requisitos cambien. Los procesos ágiles deben aprovechar el cambio para conseguir una ventaja competitiva.
  3. Se realizan entregas de ‘software’ funcional con frecuencia. 
  4. Trabajo conjunto entre responsables de negocio y desarrolladores.
  5. Es fundamental la motivación de las personas del equipo de trabajo.
  6. Se promueven las conversaciones cara a cara como modo prioritario de comunicación
  7. El ‘software’ funcionando es la medida principal de progreso.
  8. Se debe promover el desarrollo sostenible y mantener un ritmo constante.
  9. Búsqueda de la excelencia.
  10. La simplicidad es esencial.
  11. Se promueven equipos autogestionados.
  12. A intervalos regulares el equipo reflexiona sobre cómo ser mejorar y conseguir más efectividad.

La aplicación de estos principios fuera del sector del desarrollo de software es clara

Y es que, la máxima de Reg Revans sigue siendo vigente, varias décadas después:

“La supervivencia de un organismo

depende de que su tasa de cambio

sea igual o superior a la de su entorno”

Reg Revans

La supervivencia de las empresas depende del cociente de velocidad de cambio: sabemos que, si la velocidad del cambio externo supera a la velocidad del cambio interno, la empresa difícilmente va a sobrevivir. Por tanto, es cuestión de adecuar esa tasa de cambio, el único modo de conseguir innovación.

Es necesario trabajar de otro modo, saber escuchar de forma activa, entrenar equipos que trabajen conjuntamente, valorar la curiosidad y las ganas de conocer lo que es nuevo, de fomentar modelos de participación y una cultura de innovación.

Una organización ágil es probablemente uno de los activos más valiosos para conseguir innovación. Es cuestión de trabajar intensamente en la búsqueda de mejoras a problemas reales, sin bloquear ninguna posibilidad, a partir de una posición de empatía con las personas a las que queremos ayudar, situando al cliente como prioridad siempre. A partir de ahí, experimentar soluciones y comprobar si realmente son una buena idea o no.

A pesar de la resistencia inicial que suele aparecer, en nuestro mundo de cambio acelerado es imposible encontrar la estabilidad sin agilidad.

La vida exige agilidad y la agilidad se entrena.

Así que cada uno decide, entre quedarse quieto… o empezar a entrenar.

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