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Enric Lladó, coach, conferenciante y escritor
Ver para creer
POR Enric Lladó, coach, conferenciante y escritor, 00:00 | 11 de Diciembre del 2014

 

Max está convencido de que puede lograr el salto a las categorías profesionales.  
Por eso entrena cada mañana y cada tarde con cada fibra de su ser. Sabe que para lograr su sueño necesita enfocar cada ápice de su energía en preparar el siguiente combate. Y luego el siguiente, y luego el siguiente. Su entrega es total. Toda la carne en el asador.
Friedrick, su hermano gemelo y compañero de entreno comparte con él el mismo sueño. Y aunque con los puños parece incluso más dotado que su hermano, no lo tiene tan claro. También conoce la clave del éxito: entrenar duro, duro y cada vez más duro. Pero por alguna razón no tiene muy claro que lo vaya a conseguir. Por eso vacila. Falta a algún entrenamiento. –“No pasa nada, ya lo recuperaré”-. Y cada vez más a menudo, le asaltan las dudas mientras entrena –“¿Valdrá la pena todo este esfuerzo?”-
Pasan los días, las semanas. 
Cuanto más se esfuerza Max, mejores son los resultados.  Un combate ganado, dos, tres. Cada victoria le convence más y más de que logrará su objetivo.  Cuanto más convencido está, más duro entrena, más fuerte se pone y mejor técnica consigue.  Los siguientes dos combates los gana por KO en el primer asalto. Entra directo a la categoría profesional. El sueño se hace realidad.
A Friedrick no le va tan bien. Gana un combate, pero pierde los dos siguientes. Es un tipo con potencial físico y talento. Pero le ha faltado constancia e intensidad en los entrenamientos. En cada derrota se confirma su creencia: “no creo que lo vaya a lograr”.  Y cuanto más cree en ello,  más desfallece en su entrenamiento. Y peor le va en el ring. Su último combate lo cancela. Alega que está indispuesto.   
Que tus creencias condicionan tus resultados, eso es fácil de demostrar.  Cuanto más crees que algo es posible, más luchas por ello, mejores resultados consigues y más fuerte se hace tu creencia. Y así sucesivamente. Y viceversa. 
Creas lo que crees.
Pero lo más intrigante del caso es ¿Qué significa exactamente creer en algo? ¿Qué significa exactamente que Max cree que lo logrará y qué significa exactamente que Friedrick no lo cree?
Aquí es donde entra Santo Tomás a echarnos una mano: “ver para creer”.  Cada vez que Max ve como mejora en los entrenamientos, su confianza en él mismo crece.  Y cada vez que ve a su contrincante besando la lona, su fe en él mismo se dispara. 
Lo contrario para Friedrick…  
Sí, así es, pero…Max creía que lo iba a lograr desde el principio. Mucho antes de empezar a cosechar victorias. Mucho antes de poder empezar a medir sus posibilidades en la realidad del ring. Y Friedrick tenía dudas desde el principio. Ninguno de los dos había tenido la oportunidad de ver para creer. Entonces ¿Cómo es que uno creía en sí mismo y el otro no? ¿Cuál es la diferencia entre creer y no creer? ¿Qué es creer?
En un experimento   se muestra a un grupo de sujetos una lista de palabras. Una vez las han leído, se les retira la lista y se les muestra una segunda lista. Esta nueva lista contiene las palabras anteriores pero mezcladas con muchas otras palabras. Se les pide que identifiquen en la segunda lista las palabras que recuerdan de la primera. 
Pero el experimento tiene truco. Algunas de las palabras repetidas se han impreso con una tipografía un poco difusa, las letras están ligeramente borrosas.  La sorpresa del experimento es que cada vez que una de las palabras repetidas se pone en tipografía borrosa, la probabilidad de que sea identificada como repetida, decae significativamente.
En otro experimento   se muestra a un grupo de personas que ya han visitado Disneyland un supuesto cartel publicitario para que valoren hasta qué punto el cartel les animaría a volver.  Se les hace numerosas preguntas sobre cartel y también acerca de su experiencia en Disneyland. 
Una pregunta curiosa que se les hace es si en su visita al parque de atracciones, tuvieron la oportunidad de toparse con Bugs Bunny. La pregunta es curiosa porque Bugs Bunny es un personaje de Warner Brothers y no de Disney y por lo tanto es imposible que se hayan topado con él en Disneyland. Pues bien, lo curioso del caso es que cuando en el cartel publicitario aparece la imagen del famoso conejo, el porcentaje de personas que responde que sí se topó con él en Disneyland se dispara significativamente.
Hagamos ahora nuestro propio experimento. Imagínate por un instante algo que te resulte poco creíble. Por ejemplo que vas a ser el próximo presidente o presidenta del gobierno. ¿Cómo es la imagen que aparece en tu cabeza? ¿Puedes verla fácilmente o te es difícil imaginarlo?¿Es una imagen clara o borrosa? ¿Es en blanco y negro o es en color? ¿La ves cercana o lejana? ¿Te ves desde fuera o desde dentro?
Imagínate ahora algo que te resulte muy creíble. Por ejemplo que  mañana por la mañana sales por la puerta de tu casa. ¿Cómo es la imagen que aparece en tu cabeza?  ¿Es más fácil ver esta imagen que la anterior? ¿La ves más clara o más borrosa que la anterior? ¿Cercana o lejana? ¿Te ves desde fuera o más bien desde dentro?
Y aquí es donde vuelve a aparecer Santo Tomás. Pero ahora descubro a través de su testimonio un significado en una nueva y revolucionaria dimensión que me pone la piel de gallina: ver para creer significa que yo me creo lo que veo…
…!!Lo que veo en mi mente¡¡ 
Que cuanto más clara la imagen mental, cuanto más vívida, más realista, más me la creo. Eso es creer.  ¿Qué dice alguien cuando no cree en algo que le proponemos? – “No lo veo claro”- o directamente –“No lo veo”- ¿Qué me dicen mis clientes cuando les pido que se visualicen a sí mismos haciendo algo de lo que no se creen capaces? –“No soy capaz de imaginarlo…me cuesta mucho imaginarme haciéndolo”- Y viceversa.
Que Santo Tomás acaba creyendo sin ver es inexacto: acaba creyendo sin ver a través de sus ojos “físicos”, pero sin duda está visualizando el objeto de su fe mediante los ojos de su mente.
¡¡Eso es creer¡¡ Verlo claro…en la mente. 
Las implicaciones de saber esto son muy potentes porque básicamente lo que estamos diciendo es que podemos cambiar nuestras creencias cambiando las imágenes con las que representamos estas creencias en nuestra mente.  
De hecho, como coach, uno de mis cometidos es ayudar a mis clientes a conseguirlo.  A menudo mis clientes me dicen, por ejemplo: “me gustaría ser capaz de hacer presentaciones sin nervios…” y yo les pregunto:  “lo que no quieres es tener nervios, ahora dime lo que sí quieres”. Y en cuanto me empiezan a explicar cómo se quieren ver presentando, cómo quieren hablar, cómo quieren moverse, su mente empieza a visualizarlo y en ese mismo instante, mientras me lo explican, ¡¡¡Empiezan a moverse y a hablar exactamente de esa manera¡¡¡
“Ver para creer”.
Detrás de esta afirmación hay más de lo que se ve a simple vista. Encierra algunos de los mayores misterios del ser humano en su relación con el Universo.  Y encierra también algunos de los mayores tesoros que uno puede llegar a encontrar y concederse en la vida.

Max está convencido de que puede lograr el salto a las categorías profesionales.  

Por eso entrena cada mañana y cada tarde con cada fibra de su ser. Sabe que para lograr su sueño necesita enfocar cada ápice de su energía en preparar el siguiente combate. Y luego el siguiente, y luego el siguiente. Su entrega es total. Toda la carne en el asador.

Friedrick, su hermano gemelo y compañero de entreno comparte con él el mismo sueño. Y aunque con los puños parece incluso más dotado que su hermano, no lo tiene tan claro. También conoce la clave del éxito: entrenar duro, duro y cada vez más duro. Pero por alguna razón no tiene muy claro que lo vaya a conseguir. Por eso vacila. Falta a algún entrenamiento. –“No pasa nada, ya lo recuperaré”-. Y cada vez más a menudo, le asaltan las dudas mientras entrena –“¿Valdrá la pena todo este esfuerzo?”-

Pasan los días, las semanas. 

Cuanto más se esfuerza Max, mejores son los resultados.  Un combate ganado, dos, tres. Cada victoria le convence más y más de que logrará su objetivo.  Cuanto más convencido está, más duro entrena, más fuerte se pone y mejor técnica consigue.  Los siguientes dos combates los gana por KO en el primer asalto. Entra directo a la categoría profesional. El sueño se hace realidad.

A Friedrick no le va tan bien. Gana un combate, pero pierde los dos siguientes. Es un tipo con potencial físico y talento. Pero le ha faltado constancia e intensidad en los entrenamientos. En cada derrota se confirma su creencia: “no creo que lo vaya a lograr”.  Y cuanto más cree en ello,  más desfallece en su entrenamiento. Y peor le va en el ring. Su último combate lo cancela. Alega que está indispuesto.   

Que tus creencias condicionan tus resultados, eso es fácil de demostrar.  Cuanto más crees que algo es posible, más luchas por ello, mejores resultados consigues y más fuerte se hace tu creencia. Y así sucesivamente. Y viceversa. 

Creas lo que crees.

Pero lo más intrigante del caso es ¿Qué significa exactamente creer en algo? ¿Qué significa exactamente que Max cree que lo logrará y qué significa exactamente que Friedrick no lo cree?

Aquí es donde entra Santo Tomás a echarnos una mano: “ver para creer”.  Cada vez que Max ve como mejora en los entrenamientos, su confianza en él mismo crece.  Y cada vez que ve a su contrincante besando la lona, su fe en él mismo se dispara. 

Lo contrario para Friedrick…  

Sí, así es, pero…Max creía que lo iba a lograr desde el principio. Mucho antes de empezar a cosechar victorias. Mucho antes de poder empezar a medir sus posibilidades en la realidad del ring. Y Friedrick tenía dudas desde el principio. Ninguno de los dos había tenido la oportunidad de ver para creer. Entonces ¿Cómo es que uno creía en sí mismo y el otro no? ¿Cuál es la diferencia entre creer y no creer? ¿Qué es creer?

En un experimento   se muestra a un grupo de sujetos una lista de palabras. Una vez las han leído, se les retira la lista y se les muestra una segunda lista. Esta nueva lista contiene las palabras anteriores pero mezcladas con muchas otras palabras. Se les pide que identifiquen en la segunda lista las palabras que recuerdan de la primera. 

Pero el experimento tiene truco. Algunas de las palabras repetidas se han impreso con una tipografía un poco difusa, las letras están ligeramente borrosas.  La sorpresa del experimento es que cada vez que una de las palabras repetidas se pone en tipografía borrosa, la probabilidad de que sea identificada como repetida, decae significativamente.

En otro experimento   se muestra a un grupo de personas que ya han visitado Disneyland un supuesto cartel publicitario para que valoren hasta qué punto el cartel les animaría a volver.  Se les hace numerosas preguntas sobre cartel y también acerca de su experiencia en Disneyland. 

Una pregunta curiosa que se les hace es si en su visita al parque de atracciones, tuvieron la oportunidad de toparse con Bugs Bunny. La pregunta es curiosa porque Bugs Bunny es un personaje de Warner Brothers y no de Disney y por lo tanto es imposible que se hayan topado con él en Disneyland. Pues bien, lo curioso del caso es que cuando en el cartel publicitario aparece la imagen del famoso conejo, el porcentaje de personas que responde que sí se topó con él en Disneyland se dispara significativamente.

Hagamos ahora nuestro propio experimento. Imagínate por un instante algo que te resulte poco creíble. Por ejemplo que vas a ser el próximo presidente o presidenta del gobierno. ¿Cómo es la imagen que aparece en tu cabeza? ¿Puedes verla fácilmente o te es difícil imaginarlo?¿Es una imagen clara o borrosa? ¿Es en blanco y negro o es en color? ¿La ves cercana o lejana? ¿Te ves desde fuera o desde dentro?

Imagínate ahora algo que te resulte muy creíble. Por ejemplo que  mañana por la mañana sales por la puerta de tu casa. ¿Cómo es la imagen que aparece en tu cabeza?  ¿Es más fácil ver esta imagen que la anterior? ¿La ves más clara o más borrosa que la anterior? ¿Cercana o lejana? ¿Te ves desde fuera o más bien desde dentro?

Y aquí es donde vuelve a aparecer Santo Tomás. Pero ahora descubro a través de su testimonio un significado en una nueva y revolucionaria dimensión que me pone la piel de gallina: ver para creer significa que yo me creo lo que veo…

…!!Lo que veo en mi mente¡¡ 

Que cuanto más clara la imagen mental, cuanto más vívida, más realista, más me la creo. Eso es creer.  ¿Qué dice alguien cuando no cree en algo que le proponemos? – “No lo veo claro”- o directamente –“No lo veo”- ¿Qué me dicen mis clientes cuando les pido que se visualicen a sí mismos haciendo algo de lo que no se creen capaces? –“No soy capaz de imaginarlo…me cuesta mucho imaginarme haciéndolo”- Y viceversa.

Que Santo Tomás acaba creyendo sin ver es inexacto: acaba creyendo sin ver a través de sus ojos “físicos”, pero sin duda está visualizando el objeto de su fe mediante los ojos de su mente.

¡¡Eso es creer¡¡ Verlo claro…en la mente. 

Las implicaciones de saber esto son muy potentes porque básicamente lo que estamos diciendo es que podemos cambiar nuestras creencias cambiando las imágenes con las que representamos estas creencias en nuestra mente.  

De hecho, como coach, uno de mis cometidos es ayudar a mis clientes a conseguirlo.  A menudo mis clientes me dicen, por ejemplo: “me gustaría ser capaz de hacer presentaciones sin nervios…” y yo les pregunto:  “lo que no quieres es tener nervios, ahora dime lo que sí quieres”. Y en cuanto me empiezan a explicar cómo se quieren ver presentando, cómo quieren hablar, cómo quieren moverse, su mente empieza a visualizarlo y en ese mismo instante, mientras me lo explican, ¡¡¡Empiezan a moverse y a hablar exactamente de esa manera¡¡¡

“Ver para creer”.

Detrás de esta afirmación hay más de lo que se ve a simple vista. Encierra algunos de los mayores misterios del ser humano en su relación con el Universo.  Y encierra también algunos de los mayores tesoros que uno puede llegar a encontrar y concederse en la vida.

 

 

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