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Borja Vilaseca, escritor, profesor y conferenciante
La apuesta por el talento
POR Borja Vilaseca, escritor, profesor y conferenciante, 00:00 - 16 de Octubre del 2014

En el mundo de hoy existe un recurso tan ilimitado como desaprovechado. Y por primera vez en toda la historia de la humanidad, este potencial se encuentra en nuestro interior. Está al alcance de cualquier ser humano. No importa el lugar donde hayamos nacido o el tipo de oportunidades que hayamos recibido. Todos albergamos algún tipo de talento por descubrir y desarrollar. En esencia, el talento es la forma con la que expresamos nuestro valor. Es el instrumento con el que ofrecemos servicios, atendemos necesidades, resolvemos problemas, cumplimos objetivos, generamos resultados y creamos riqueza. Además, desplegar nuestro talento al servicio de un proyecto en el que creemos es una de las principales fuentes de satisfacción que los seres humanos podemos experimentar en esta vida. Nos sentimos realizados porque se está realizando el potencial con el que nacimos.

Eso sí, debido a todas las ideas erróneas y limitadas que tenemos acerca de quiénes somos y para qué estamos verdaderamente aquí, descubrir nuestro talento pasa por confrontar nuestra ignorancia y nuestra inconsciencia. Es decir, las falsas creencias con las que hemos creado nuestro falso concepto de identidad. Se trata de vencer nuestros miedos y sanar nuestras carencias a través de la comprensión y la sabiduría. Y es que cuanto más nos conocemos, más nos valoramos por ser quienes somos. Y cuanto más nos valoramos, más sabemos para qué servimos y cómo podemos ser útiles para la sociedad.

El talento es sin duda uno de los motores de la Era del Conocimiento. Las personas que más detecten y desarrollen su propio talento, más enriquecerán su vida y la de lo demás. En todos los sentidos. Del mismo modo, las empresas que sepan detectarlo y desarrollarlo, antes prosperarán. De ahí que las empresas conscientes lleven años librando pacíficamente una «guerra por el talento». No en vano, este tipo de profesionales no se compran solo con dinero. Más bien buscan y eligen proyectos humanos y con sentido en los que poder desplegar toda su creatividad.

El perfil del profesional que viene

En el viejo paradigma a las personas se les pagaba para obedecer y cumplir órdenes, no para que pensaran por sí mismos y aportarán ideas. El nivel de contribución estaba limitado por el rol o la posición profesional. Y aunque la Era Industrial ha terminado, esta limitación sigue limitando hoy en día a la gran mayoría de empresas.

Sin embargo, en esta nueva era las empresas van a necesitar de todo el conocimiento que tengan todos y cada uno de sus empleados, ocupen el puesto que ocupen. La obediencia y la sumisión han dejado de ser una estrategia eficiente. Ahora lo importante es contar con personas autónomas y con iniciativa, lo suficientemente valientes para decir lo que piensan. Se nos paga cada vez más por proponer ideas, alternativas y puntos de vista que permitan encontrar soluciones más innovadoras. Al fin y al cabo, la innovación es el proceso de transformar las ideas en algo que añada valor a la vida de los clientes.

La persona que aporta valor a través de su talento se ha convertido en el centro de la estrategia de las empresas conscientes. Ahora mismo, el plus que aportan estos profesionales es lo que determina el aumento de la productividad y la competitividad de las organizaciones. Esencialmente porque es lo único que no puede copiarse. Esa es la belleza del talento: que es único e intransferible. El reto de cada compañía es desarrollarlo hasta alcanzar su máximo potencial.

Estamos pasando de la selección de personal a la elección de personas. Se buscan profesionales conscientes, cuyos valores, fortalezas y cualidades estén alineados con la consecución de los objetivos organizacionales. No todos los proyectos ni todas las empresas son para todo el mundo. La Era del Conocimiento es una invitación para que cada uno de nosotros encontremos nuestro verdadero lugar en el mercado laboral. Y sabemos que lo hemos encontrado porque le damos valor a lo que hacemos y sentimos agradecimiento por el proceso de aprendizaje que nos ha llevado hasta él.

La satisfacción de los profesionales

Del mismo modo que el carácter forja el destino de una persona, la cultura determina el destino de una empresa. Eso sí, para que la cultura influya positivamente en las personas, es imprescindible contratar a personas que crean en lo que la empresa cree. Cuando la empresa se conoce a sí misma sabe perfectamente el tipo de profesionales que necesita. Los valores no pueden instalarse en los trabajadores. No se puede forzar a nadie a compartir una determinada ideología. Es fundamental encontrar a personas que estén apasionadas y comprometidas con el propósito de la compañía. Ya no se contrata por aptitudes, habilidades o técnicas. Se contrata por actitud. Todo lo demás puede enseñarse.

A su vez, el departamento de recursos humanos está en pleno proceso de reinvención, transformándose en una dirección de personas y valores orientada a detectar, gestionar y potenciar el talento dentro de la organización. Y es que la creatividad y la innovación no pueden florecer en una cultura rígida y autoritaria que castigue los errores. Estas potencialidades necesitan una cultura basada en la confianza y que fomente la toma de riesgos.

Cuanto mejor trata la empresa a sus empleados, mejor tratan estos a su organización. ¿Cuántos más estudios universitarios necesitamos para darnos cuenta? Una alta rotación no deseada es un síntoma de que la cultura organizacional sigue preservando estructuras y procedimiento obsoletos e ineficientes, generando conflictos, malestar y sufrimiento como resultados. Y afecta notablemente la calidad del servicio a los clientes. De ahí que a mayor rotación, menores sean los ingresos.

Por el contrario, cuanto más satisfechos y comprometidos están los empleados, más eficientes y productivos son en relación con su trabajo. Ya no sirve eso de motivar a través de la manipulación, por medio de recompensas y castigos. Si bien el miedo puede mantenernos anclados a una compañía tóxica, el respeto y la confianza son los que nos fidelizan a una empresa consciente. Además, una compañía no puede ofrecer un buen producto o un gran servicio si a las personas no les gusta su trabajo ni se sienten a gusto mientras lo realizan.

Frente a este nuevo escenario laboral, es esencial que sepamos para qué servimos. Y que averigüemos cómo podemos ser útiles para los demás. En la medida que este descubrimiento se democratice, va a provocar una revolución en nuestra manera de concebir al ser humano. No somos recursos ni máquinas. Somos un «un potencial de talento y creatividad por desarrollar». Y como nosotros, no hay nadie más.

Borja Vilaseca es escritor, profesor y conferenciante, además de ser el director del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo de la Universidad de Barcelona.

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