28 de mayo de 2024
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El descansancio

El descansancio

Los arqueólogos de las palabras nos entretienen de vez en cuando las conversaciones o las lecturas relajadas, mostrándonos sus raros descubrimientos. Algunos nos hacen reír y otros nos sorprenden y poco más. La etimología tiene un interés similar al de conocer nuestro ADN ancestral: no cambiará quiénes somos pero nos entenderemos más..

Me llaman mucho la atención las palabras cuya etimología y su uso actual difieren; y algunas lo hacen, hasta el extremo de significar lo opuesto.  El caso de “formidable”, que surgió en sus primeras voces significando terrible y propagador de miedo para convertirse en algo genial con el tiempo; o el “jamás” que nació queriendo decir siempre y acabó significando un triste nunca; y ese archiconocido “álgido”, cuyo origen es gélido y frío, pero cuyo uso diario se acerca a lo flamígero y ardiente. Es fascinante el travestismo de muchas de nuestras palabras.

Entre ellas, el del verbo “cansar”. Un préstamo del griego marítimo al latín para describir en un salto desde el puro “doblar” algo, a la acción de salirse de la vía o de la ruta para hacer un descanso por causa del agotamiento. En su origen, “cansar” significa “descansar” y poco a poco –o inmediatamente, vete tú a saber- su significado original se fue convirtiendo en el actual, que es justo el opuesto a su primitivo.

De ahí el que titule esta colaboración “el descansancio”. Es un término mutante y quizás su origen es una pista sobre lo difícil que es definirlo, practicarlo adecuadamente y equilibrarlo prudentemente. Se cita a Steinbeck -“el arte del descanso es una parte del arte de trabajar”- y es una cita muy adecuada para cualquier profesional.

Las vacaciones se acercan. ¿Qué pistas podemos considerar para acertar en nuestra dosis de descanso, en nuestra dieta de actividades y en nuestra actitud?

Buscando con elegancia en la antigüedad griega, el descanso, el ocio se decía “scholé” (¿otro guiño etimológico curioso?) y hacía referencia sencillamente al tiempo libre individual, a la paz y la tranquilidad. Un período de tiempo en el que no existía la necesidad de trabajar o responder a obligaciones privadas, habitualmente vinculadas a lo físico. Pero el ocio ya presentaba un ápice de trascendencia social en este momento. Bajar el ritmo, cuidar más las relaciones.

Roma avanza y profundiza en el sentido cultural del ocio, al mismo tiempo que cambiaba el término, de scholé a otium. El gran contraste entre Grecia y Roma en este aspecto se encuentra en el uso mucho más político que la segunda hace del otium; esto es, la organización por parte de los gobernantes de espectáculos de gladiadores, juegos circenses, festivales y demás formas de entretenimiento (panem et circenses). Esta es una buena pista: buscar esas manifestaciones del ingenio humano que nos inspiran, nos sorprenden, nos informan…museos, programas veraniegos, exposiciones.

Hay un autor al que suelo recurrir con frecuencia –muchos lo hacemos- por su criterio equilibrado e inspirado por una vocación de médico. Mario Alonso Puig da este consejo sobre las vacaciones “Las vacaciones no son para sentirse culpables. La recuperación del organismo no es un lujo, sino una necesidad. Hay que estar más en el aquí y en el ahora. Hay que concentrarse de manera constante en lo que hacemos en ese momento”. Este consejo me parece una clave permanente en una vida sana, con especial importancia en la inminente franja vacacional: vivir el presente, el pequeño momento. Hace falta disciplina, pero necesitamos borrar la pesada carga del constante viaje al pasado y al futuro en nuestros trabajos. Es un buen ingrediente del descanso.

Realizamos un trabajo intelectual, ¿no? ¡Ojalá que aún consideremos como tal nuestra actividad, a pesar de su carga animal –brutal, a veces- y física en ciertos periodos! Jean Guitton afirma: “la regla de oro del trabajo intelectual puede traducirse así: no toleres ni medio trabajo ni medio descanso. Entrégate por entero o bien relájate por completo. ¡Que no haya nunca en ti mezcla de géneros!”. ¡Nos va a costar hacer realidad esta máxima! Especialmente en los primeros días de vacaciones. Pero hay que hacerlo, por nuestro bien: compartimentar nuestra vida en modo relajación. Modificar el rumbo de nuestras prioridades.

Subiendo un peldaño con algo de riesgo, me parece especialmente sugerente considerar la promesa de Jesucristo; un bonito guiño en la Galilea y la Judea del siglo I, a las sociedades futuras actuales: para agobio, el Israel actual o el de nuestras sociedades paranoicas y angustiadas: “venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Suena a seguridad y a refugio y potencia una de las cuatro dimensiones de nuestra naturaleza. Muchos viven su eficacia y se les nota.

Y en línea seráfica con esta última gama de actividades de “descansancio” me permito introducir a una mujer singular y fascinante. Muchos avances habrían visto adelantado su tiempo si se hubiera seguido la senda que Santa Hildegarda de Bingen marcó en los albores del siglo XII. Sus tratados médicos naturalistas plagados de consejos prácticos son un tesoro negligentemente olvidado por muchos siglos. Los pequeños remedios combinados con las raíces sanas de una vida equilibrada son una joya, de la que solo destaco ahora sus consejos para un sueño reparador; un momento que esta doctora de la Iglesia señala como especialmente importante (“Manual de Medicina de Santa Hildegarda”). Esas siestas, esas cabezadas, esas noches estivales…

Descansar es una parte esencial del arte de trabajar. Así lo afirma también uno de los hábitos de Covey que habla de “afilar el hacha”, en un entorno más boscoso. La calidad de nuestro descanso – de nuestro “descansancio” etimológicamente confuso-  será una prueba de la calidad de nuestro trabajo y diferenciará el mundo de la eficacia del puro activismo. Será una buena prueba de nuestra profesionalidad.

Os deseo un merecido y eficaz descanso veraniego. Espero que estas líneas nos os hayan cansado, mereciendo el “elogio” que dirigió un mordaz Groucho Marx al autor en cuestión: “He disfrutado mucho con esta obra de teatro. Especialmente en el descanso.

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