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François Perez Ayrault, Socio Director de Zinkintalent España
Las personas transforman las organizaciones. Las organizaciones transforman la sociedad.
POR François Perez Ayrault, Socio Director de Zinkintalent España, 00:01 - 08 de Febrero del 2023
Las personas transforman las organizaciones. Las organizaciones transforman la sociedad.

En un breve volumen de la biblioteca TED “¿Por qué trabajamos?” de Barry Schwartz, di con la historia de Luke, un empleado de limpiezas de un hospital.

La historia cuenta que Luke había limpiado dos veces seguidas la habitación de un joven que se encontraba en coma. La había limpiado estando el padre del paciente fuera del hospital, fumando. Cuando regresó y vio a Luke le exigió que limpiara la habitación.

Luke le explicó que lo acababa de hacer. El padre le dijo que no le había visto hacerlo y se enfadó con él. Luke iba a discutir con el padre, pero algo le frenó y respondió: “Lo siento. Iré a limpiar la habitación”.

Y lo hizo por segunda vez.

Luke comprendió la situación. Limpió la habitación para que “pudiera verle limpiarla”. Luke empatizó con la situación de un padre que llevaba acompañando a su hijo, en coma desde hacía seis meses.

Me quedo con una idea poderosa de esta anécdota. Una idea recogida de una de las frases con la que nos hemos tropezado infinitas veces quienes nos dedicamos a trabajar con personas en las organizaciones: La cita de Viktor Frankl en “El hombre en busca de sentido”: «Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”

Luke eligió hacer algo distinto a las tareas indicadas en la descripción formal de su puesto de trabajo. Fue más allá de su desempeño y se conectó con el propósito del hospital, que era curar y velar a sus pacientes.

Dotó de sentido y propósito a su trabajo.

Luke pudo haber llamado a un supervisor del hospital para que verificara que la habitación se limpió y así se lo explicara al padre y le dejara seguir con su trabajo. Y tendría razón. También pudo hacer caso omiso de su bronca, y marcharse de la habitación, que ya había limpiado. Y tendría razón.

No había nada en la descripción de su puesto de trabajo que indicara nada respecto de cómo relacionarse con los pacientes o los familiares de los pacientes. Su trabajo era la limpieza.

Pero Luke eligió ser él mismo. Eligió la autenticidad y la valentía de atreverse a ser quien genuinamente es. Alguien con una decidida vocación de servicio a los demás.

Siendo muy joven trabajaba como mozo en el almacén en una compañía discográfica. Un trabajo poco remunerado y para el que se requería muy poca formación, o ninguna. Entre otras tareas, enfundábamos los discos de vinilo. Las carpetas de los elepés venían de la industria gráfica y los discos de la industria del vinilo. Me sentaba en un taburete

 

alto y me ponía en el regazo un taco de carpetas, y sobre el tablero estaban los vinilos, con la mano izquierda ahuecaba la carpeta y con la derecha cogía un vinilo y lo introducía en la carpeta. Con la práctica adquiríamos más habilidad y velocidad.

Llevaba pocas semanas cuando surgió el lanzamiento del LP “Volumen Brutal” de Barón Rojo. Las carpetas llegaron con retraso y el jefe del almacén nos pidió rapidez para poder cumplir con los pedidos, pues había muchas expectativas con ese álbum y fechas comprometidas para su lanzamiento. Yo, fan del heavy, y en especial de Barón Rojo, fui muy consciente de ello, así que me puse a enfundar discos a toda pastilla. Uno de mis compañeros me frenó.

-       ¿Qué haces?

-       ¿Cómo que qué hago? Enfundar discos.

-       ¿Y te van a pagar más?

No me había planteado la cuestión. Sólo sabía que nos habían pedido ser tan rápidos como fuera posible. Pero las miradas de los otros chavales, y teníamos buen rollo, me intimidaron lo bastante y contesté.

-       No.

Y bajé el ritmo. Me hice uno con aquella cultura de desempeño. En el fondo, ellos tenían razón. Éramos mozos de almacén y nos pagaban una mierda. Renuncié a ser yo mismo, para hacerme un “yo” a la medida de la cultura imperante.

Me dejé llevar de la necesidad de no perder su aprobación, de sostener un ambiente cordial y no exponerme a una posible crítica o que me hicieran la vida complicada. Incluso en aquellas circunstancias era capaz de resolver mi disonancia cognitiva con soberbia y arrogancia abjurando de la empresa, del sistema y del capitalismo.

El disco salió unos días más tarde de lo programado, y nosotros tuvimos mucho que ver en ello. Y da igual que tuviéramos razón.

El ser humano, las más de las veces, prefiere tener razón a ser feliz. Nadie ganó nada con aquello. Ni la empresa, ni el grupo, ni nosotros.

Joven como era, inexperto e inmaduro, preferí, con mucho, ser parte de una cultura mediocre, apoyado por mi propia mediocridad y mi falta de coraje.

Y no es una excusa, yo era así.

Ser uno mismo no es tarea fácil. Y en el seno, ambiente y cultura de una empresa es aún más difícil. Necesitamos sentirnos pertenecientes, aceptados y acogidos, y renunciamos a explorar nuestra autenticidad. He trabajado en no pocas empresas y es raro que se favorezca la irrupción de voces diferentes, disruptivas, inconformistas, justo las que podrían llevar a las empresas a los mejores lugares.

 

Si algo he aprendido en mí ya veterana vida profesional es que solo uno es responsable de encontrar, mejor dicho, buscar sentido a su vida. Asimismo, también he encontrado que cuando mejor me he sentido ha sido cuando ayudaba a otros, cuando servía a otros, cuando de resultas de mi trabajo y dedicación, las vidas de otras personas se veían mejoradas, ya fuera en el ámbito profesional o en el personal.

El progreso. ¡Vaya palabra! Voy a acotarla un poco más. El progreso científico, el progreso económico, el progreso social, el progreso personal; cualquier forma de progreso viene precedida de, normalmente, un conflicto, una incomodidad, un reto, un problema, cualquier evento que nos aproxime al límite de nuestra zona de confort. Nos sentimos interpelados y se nos ofrece la oportunidad de expandirnos lo que implica atravesar la zona de pánico que produce la incertidumbre de lo desconocido, aquello que si trascendemos nos lleva a nuestro siguiente nivel, un hallazgo científico, una mejora notable en un proceso, una solución que emerge de la creatividad, acometer una conversación incómoda, tomar decisiones difíciles.

Solo la práctica deliberada de salir de la zona de confort y desapegarnos de la aprobación de otros nos lleva al descubrimiento de quienes queremos ser realmente. Y cuando nos atrevemos a ser auténticos, somos como Luke.

Es trascender lo que creemos que los demás piensan que debemos ser para ser quienes queremos ser realmente. Esto, en síntesis, es la esencia del liderazgo; y también la esencia de la autenticidad, de la valentía y del propósito vital.

Es caminar de una dimensión reactiva de la vida en la que estamos sometidos a los juicios que nos hacemos respecto de lo que sentimos que los demás esperan de nosotros, para ir a otra dimensión más creativa donde nos atrevemos a explorar lo que de auténtico hay en cada uno de nosotros.

Como líderes, nuestra misión es crear las condiciones en nuestras organizaciones para que las personas puedan explorar y desplegar su mayor potencial, cultivando y favoreciendo las relaciones honestas, francas, creando un espacio seguro para las conversaciones difíciles, dando seguridad psicológica, otorgando autonomía y responsabilidad con margen para la experimentación, la creatividad como fuentes de la innovación, implementado una cultura de feedback en todas las direcciones donde los líderes sean “cazadores” de feedback, independizando la estructura de la comunicación de la estructura de la organización (cualquiera puede hablar con cualquiera)…

Es el más poderoso cambio de paradigma que nos está abriendo este tiempo complejo; del enfoque en las tareas al enfoque en las personas.

Así, las personas transforman las organizaciones, y las organizaciones transforman la sociedad.

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