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Enric Lladó, coach, conferenciante y escritor
La esencia del rol directivo en cinco indicadores clave
POR Enric Lladó, coach, conferenciante y escritor, 00:00 | 11 de Julio del 2017
La esencia del rol directivo en cinco indicadores clave

Si ahora mismo te sientes abrumado por la cantidad ingente de trabajo, mails, llamadas y compromisos, si sientes que todo es urgente e imprescindible, si “tienes que” hacer esto y lo otro y tu jornada laboral es maratoniana, entonces quizás ocupas un puesto directivo, pero ahora mismo, probablemente, no estás siendo directivo. Ahora mismo estás metido en un círculo vicioso donde más bien estás siendo dirigido

Un directivo dirige. 

Si deseas tomar las riendas y hacer aflorar tu capacidad para dirigir, enfócate en los siguientes indicadores clave y rápidamente podrás progresar, métete en el círculo virtuoso: 

1- El directivo no hace: el directivo hace hacer. El director de la orquesta es el único miembro del grupo que no hace música. Si hiciera música, no podría dirigir bien. 

Lo mismo ocurre en la empresa: si el directivo hace tareas, el directivo no puede dirigir bien. Un directivo que se pasa el día escribiendo mails, redactando informes y gestionando proyectos, no tiene ni el tiempo ni las condiciones para construir su visión, pensar con claridad, guiar a los demás y tomar decisiones excelentes. 

Creer que el director tiene que ser el que más trabaja y el que sale más tarde de la oficina es una superstición que a la empresa le sale carísima. Un pésimo ejemplo de efectividad personal. 

¿Cuántas personas dependen de ti? Una hora de tu trabajo repartida entre todos se convierte en unos pocos minutos para cada uno de ellos. Si quieres lograr tu misión, delega en tu equipo todas las tareas que haces personalmente. 

Dirigir es delegar. El buen directivo delega y por ello es rico en tiempo, adquiere visión, se siente capaz y está en control. 

2- El directivo también hace dejar de hacer. Cargar al equipo con tareas adicionales de cualquier manera y ante cualquier dificultad, sabe hacerlo hasta el becario. Descargar a la organización de tareas y proyectos inútiles, eso es pura función directiva: exige visión, mano izquierda y decisiones valientes. 

Para un buen directivo, tan  importante como dar tareas (o más) es eliminar tareas. 

Por eso el buen directivo no sólo es rico en tiempo, sino que es capaz de generar tiempo a su equipo. Así puede enfocar a su gente en lo realmente importante, puede delegar las tareas clave y puede hacerles crecer. 

El directivo sabe que las tareas inútiles, igual que las malas hierbas, si no se está atento y se cortan a tiempo, proliferan continuamente en la empresa y se comen el espacio de las tareas de valor. 

¿Qué tareas has eliminado en tu organización este mes? Desempolva las tijeras y empieza la poda cuanto antes. 

3- El directivo nunca confunde hacer con lograr. Sabe que hacer es coste para la empresa, mientras que lograr es beneficio. 

El directivo no ve con buenos ojos que su gente gestione muchos proyectos, que haga muchas horas, muchas tareas o muchos quilómetros. 

Si nadie aparece por la oficina a trabajar pero se logran los resultados, entonces es perfecto: menos gasto de limpieza, luz, agua y papel higiénico.  Si los logros se consiguen sin esfuerzo, siempre es mucho mejor, porque se es más eficiente y sobre todo, porque así se podrá llegar más lejos en el futuro. 

El directivo orienta a su gente al logro, no a la tarea. Por eso consigue resultados. 

4- El directivo habla poco: sobre todo, hace hablar. 

Si es el director el que habla, entonces los demás no hablarán. Si los demás no hablan, se perderá todo su valor. Por eso el directivo se aparta, hace un amplio espacio para que los demás puedan aportar. Anima a participar. Da apoyo y protagonismo a los demás. 

El directivo más que hablar, dirige preguntando. El directivo es silencioso. 

Por eso cuando habla, es escuchado. 

5- El directivo genera buen rollo.

 Ser autoritario, pedir las cosas de mala manera, descentrarse ante cualquier eventualidad, dar por hecho lo que se consigue y sólo criticar lo que no se logra, eso sabe hacerlo cualquiera. 

El directivo ante todo, se dirige a sí mismo. 

Gestiona su estado emocional y el de su equipo y no reacciona automáticamente ante las dificultades. Sabe que la motivación es el activo más importante de su organización y que si él es positivo y está motivado, su equipo también lo estará. Sabe que la motivación es muy valiosa pero que en realidad no puede comprarse con dinero: requiere dedicación personal, respeto, valoración, horas de atención e interés real hacia su gente. 

Por ello el directivo no es obedecido, el directivo es seguido.

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