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Moisés Arrimadas, director de RRHH de intu
'La decisión', ganador del 11º Premio Literario RRHHDigital
POR Moisés Arrimadas, director de RRHH de intu, 00:01 - 21 de Febrero del 2020
'La decisión', ganador del 11º Premio Literario RRHHDigital

Tras correr una vez más por Sans, subió al tren justo cuando iban a cerrar las puertas”. La próxima vez lo perderé seguro” pensaba mientras colocaba el abrigo en la repisa de arriba. Su asiento lo ocupaba una mochila, grande, negra y pelín ajada, con el logo de una Escuela de Negocios. En el asiento de al lado, en la ventanilla, un joven con auriculares veía una serie en su móvil. Le tocó el hombro. El joven, sin dejar de mirar el teléfono, colocó la mochila debajo del asiento. Le dio las gracias, sabiendo que no le oiría, pero las formas son las formas. Por fin se sentó, tomó aire y reflexionó sobre la última parte del día: Si había algo que odiara eran esas conversaciones interminables sobre los candidatos, justo cuando iba a salir de sus oficinas. Aparte de suponer un compromiso (si hablábamos del futuro profesional de alguien, necesitaba reflexionar, argumentar y escribir sus opiniones antes de darlas), descalabraban para siempre su bien estudiada agenda. Reunión candidato 1: 16:00, reunión candidato 2 17:30. Reunión candidato 3: 19:00. Traslado a Sans: De 20:30 a 21:00. Salida del tren: 21:15. Cliente de por medio: Descalabro total, prisas y carreras. 

El tren salía de Barcelona por ese túnel en el que tantas vecesse había sumergido. Con ese túnel le pasaba lo que con algunos aeropuertos de Europa: Cuando llegaba a ellos, aunque faltarán tres horas para llegar a destino, era como si ya estuviera en casa, como si ya solo faltara un trámite fácil, monótono y predecible para poder besar a las niñas y a su mujer, darse una ducha y descansar. Sonrió para sí: “Pero hoy no, hoytoca currar en el AVE”. 

Tras las entrevistas, el clientele había estado esperando en la puerta de la sala. Hans le sonrío, le preguntó un rápido y cortés “¿Qué tal todo? “y sin dejarle responder le pidió, con su toque diplomático, dulce y exigente a la vez, los informes y su recomendación final sobre el candidato finalista para mañanasábado a primera hora. Aparte, le recordó dónde estaba el proceso: Tras muchas entrevistas, los decisores no se ponían de acuerdo y pedían su ayuda para decidir. Sus muchos años trabajando para la empresa como consultor deberían haber pesado en la decisión. “O eso, o me pasasel regalo envenenado, Hans, viejo zorro”-pensó. Su interlocutor insistió por enésima vez en la criticidad del puesto, en lo importante de encontrar a la persona idónea para una posición complicada, con funciones de distintos Departamentos y requerimientos más personales que profesionales.“Un bombón de puesto para buscar”, recordó, “de esos que te obliga a cribar el mercado buscando a alguien que haya desempeñado un rol similar, pero para el que ni siquiera hay nombre de posición.” Y, tras guiñarle el ojo, como de despedida, Hans le comentó lo mucho que le gustaba a él el candidato nº 3. “Me lo estás poniendo demasiado facil, Hans” recordó sonriendo. 

Salieron del túnel y por primera vez miró a su alrededor.Vigiló con cuidado a quien tenía alrededor. Conocía demasiadas historias con final tristesobre información privilegiada que salía de la compañía. Había aprendido, tras hacer ese mismo viaje cientos de veces, que nunca se sabe a quién tienes alrededor. 

En el pasillo de al lado viajaban dos mujeres muy bien vestidas, de esa edad entre 30 y 55 cada día más difícil de distinguir, cotorreando sobre las compras que habían hecho en el Paseo de Gracia.Miró y confirmó sus sospechas: La repisa de arriba rebosaba de bolsas de tiendas de marca. 

Justo al otro lado del pasillo, una chica joven de cara cansada, encorvada ante un portátil minúsculo, se afanaba tecleando a setecientas pulsaciones. De repente paró, con las manos en el aire,en éxtasis, para, de pronto, ejecutar un Alt-Tab rabioso, y recorrer con el dedo lo que parecía una hoja de cálculo con más columnas que la mezquita de Córdoba. Debió encontrar lo que buscaba ya que volvió a la vida, y al Word, ysiguió tecleando. “Habemus Auditora”, se dijo.”Gracias a Dios que tengo que trabajar” pensó. “Si no, ese teclado podría acabar volviéndome loco”. 

Se levantó del asiento y fingió recolocar el abrigo en la repisa para ver a quién tenía detrás. Dos chicos jóvenes, parecían estudiantes. Le llamó la atención ver que iban cogidos de una mano mientras con la otra escribían en sus móviles. Era una imagen tierna, y a la vez, desasosegante. Estaban tan cerca y tan lejos. “¿Y si estuvieran escribiéndose el uno al otro?” pensó. Por este frente tampoco había peligro. 

Sacó el portátil de su funda. El de al lado se había cansado de la serie y parecía dormir. Aun así, colocó en la pantalla ese filtro que le regaló su amigo el informático para que nadie pudiera ver lo que escribía. 

Abrió el Word y antes de empezar, cerró los ojos: “Esta va a ser difícil” se dijo “los tres son buenos. Cada uno lo tiene todo, pero solo uno encajaría en la empresa. Y me han dado el balón, a tres segundos del final, para meter la última canasta.” Decidió empezar a escribir sus reflexiones: 

“Candidato nº 1: HMP: 32 años, en activo, toda su experiencia en la misma empresa, donde se le considera un “top talentrisingstar” internacional.Más de 8 años de experiencia adquirida en la mayor empresa del sector. Emprendedor desde la universidad. Carrera ascendente, con promociones constantes hasta llegar a la Dirección….. denota agresividad propia de su corta experiencia y de los retos constantes a los que se ha enfrentado…. 

“Un fiera”- pensó- “Un auténtico fiera”. Tenía por costumbre asignar a sus candidatos un nombre en clave para agilizar su proceso mental. Eres un fiera, Lone Wolf. 

Notó que le tocaban en el hombro. Levantó la vista y vio a la auxiliar de cabina de hoy, vieja conocida de tantos viajes: “Me parece que hoy tampoco vamos a necesitar los cascos, ¿me equivoco?” le dijo con una sonrisa cansada. “Hoy tampoco-negó con la cabeza- pero por favor no dejes de ofrecérmelos. Si no, te echaré de menos”. Ella rió y siguió pasillo adelante. Volvió a su escrito. 

“Candidata nº 2: EDR, 49 años, en transición. Ha estado en 7 empresas desempeñando funciones tanto técnicas como de liderazgo de equipos. 5 años expatriada en distintos países de Iberoamérica. Reúne las características del puesto, aunque las ha desempeñado de manera intermitente en entornos distintos…Organizada, trabajadora en equipo y líder con el ejemplo. Acostumbrada a trabajar en entornos exigentes y a los niveles más altos de rendimiento, sin embargo, denota un nivel externo de control y calma notable. Muy madura emocional y profesionalmente, prefiere escuchar, mirar y reservar comentarios hasta que tenga toda la información. Su carrera es un ancla importante, sin embargo, reconoce abiertamente que antepone su familia (casada, tres hijos) a cualquier reto profesional. 

“Una madre en un mundo de hombres, en todos los sentidos”. Pensó para sí. “Y una Dama”. A sus pies, “Milady”. 

Candidato nº 3: NPS. Referenciado por Hans (ojo): 35 años. En activo. 10 años en empresas punteras del sector más cargos de relevancia en las asociaciones sectoriales más importantes. Experimentado y maduro, acostumbrado a influir dentro de un grupo diverso de partes interesadas. Es tranquilo y sonriente, discreto, pero gran calculador de reacciones humanas. Puede pensar de manera lateral y creativa para resolver problemas y proponer nuevas soluciones. Se enorgullece de su capacidad diplomática para manejar situaciones difíciles sin perder la calma. Crea y mantiene relaciones de trabajo muy fuertes en entornos muy distintos. Es dinámico y ambicioso, y está dispuesto a hacer sacrificios para seguir adelante. 

“No me extraña que le guste a Hans”- pensó- “Se parecen mucho: Diplomáticos, calculadores y exigentes. La vida es un ajedrez para ti, ¿verdad, Kasparov? Y no te preocupan demasiado los peones.” 

Completó los informes y puso el título de su última parte: “CONCLUSIONES Y RECOMENDACIÓN”. 

Se quedó pensando. Miró a su alrededor. Su vecina de pasillo seguía tecleando sin pausa, más cerca aún de la pantalla, con el cuerpo aún más encorvado. En ese momento le sonó el teléfono. “Hola mi amor” -dijo con voz cansada- “Sí, estamos llegando, no me esperes despierto…………. habrá cola en los taxis, hoy es Viernes…….. Y dale un beso a los niños” Colgó y siguió trabajando.

 Escribió la recomendación y la envió en ese mismo instante. 

El teléfono le sonó cuando su taxi enfilaba Castellana arriba. Era Hans. “Hola- le dijo- Ya ves lo rápido que tienes lo que pedías”. ………”Sí, es mi recomendación.”……… “Sí es la definitiva…………. Sí, tiene que ser ella….. Sí, entendí perfectamente lo que me pedía la empresa.”……… No, Hans, no estoy de acuerdo. Hans, ¿sabes lo que aprendí tras 20 años en Recursos Humanos?. Que una cosa es lo que pide la Dirección y otra cosa es lo que necesita. Y por una vez que me dejáis decidir, hazme caso, Hans, estoy seguro de que te estoy dando lo que necesitas“.

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