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Enrique Arce, director de soluciones de consultoría de Compensa Capital Humano
Eficiencia Horaria y Productividad
POR Enrique Arce, director de soluciones de consultoría de Compensa Capital Humano, 00:00 | 20 de Diciembre del 2016
Eficiencia Horaria y Productividad

El gobierno quiere llegar a un pacto social para que la jornada laboral acabe a las 6 de la tarde. Sin duda es un avance para acercarnos a Europa y un impulso para cambiar hábitos que podrán mejorar la conciliación de la vida personal y profesional pero habrá que comprobar el impacto sobre la productividad y la propia calidad del empleo. 

Desde el punto de vista de la persona, cuatro cualidades básicas definen el empleo de calidad. La estabilidad, que determina los planes a largo plazo, los ingresos que condicionan el consumo y el ahorro, la naturaleza del trabajo, que provoca satisfacción y enriquecimiento personal y los beneficios de todo tipo que reportan seguridad, protección propia y de la familia y dan flexibilidad para gobernar la rutina diaria. 

La calidad de un empleo la califica cada persona según sus necesidades y sus intereses. La calidad, es una cuestión subjetiva directamente relacionada con las inquietudes de cada uno y si a estas diferencias, de carácter demográfico, se le añaden las preferencias individuales, la calidad del empleo adopta tantas definiciones como personas. Pero además, la ecuación empresa/persona no debe olvidar la productividad como indicador que diga que la idea de introducir elementos de compensación emocional como los horarios, es buena. 

España también es diferente en los horarios. La jornada en nuestro país es la más distante de la media europea. Ni a nuestra vecina Portugal (probablemente por la influencia inglesa) nos acercamos. Nos levantamos más tarde y empezamos a trabajar más tarde. Dedicamos a comer más tiempo que cualquier país europeo y acabamos la jornada cuando es noche cerrada. Sin diferencias horarias con París, Roma, Berlín o Estocolmo, las horas de trabajo que coincidimos con los franceses, los más cercanos, son 5 horas de las 8 de la jornada y con los alemanes y suecos, 4. Esto significa que entre el 40% y el 50% de nuestro tiempo trabajamos con pocas opciones de interactuar con otros profesionales de países cercanos. En una economía cada vez más globalizada, cabe pensar que la productividad que depende de la relación con otros para resolver, comercializar y acordar, muchas veces tendrá que esperar a que los horarios coincidan. 

Las horas de trabajo se están reduciendo en todos los países de la OCDE. Hasta Corea de Sur, país que tradicionalmente ha tenido las jornadas de trabajo más extensas, ha reducido casi un 20% sus horas anuales en lo que llevamos de siglo. La cuestión es si esta reducción va acompañada de calidad y de productividad necesarias. En un mundo diverso, con diferencias de elección a la hora de vivir, el bienestar lo define cada uno y teniendo en cuenta que el trabajo ocupa un tercio de la jornada, quizá este sea el momento oportuno para instrumentar prácticas de gestión de personas que se acomoden a las necesidades de cada uno, se huya del café para todos y hagan eficaz y eficiente los esfuerzos de las empresas para lograrlo. Lo que venimos comprobando es que si se facilita esa acomodación, la productividad no empeora, sino, por el contrario se ve mejorada. 

Ser eficaz desde la perspectiva de la empresa tiene que ver son proponer empleo de valor, de calidad, y esto significa ofrecer, hasta los límites de la empresa, lo que requieren aquellas personas que la empresa necesita, ya sean jóvenes, mayores, mujeres, hombres, discapacitados, etc. es decir, talento. Ser eficiente es provocar retorno o diferencia positiva entre el valor económico atribuido de lo que se percibe y el coste real del empleo de calidad. El gobierno y la Ministra de Empleo, saben, o deberían de saber, que si la propuesta de valor al empleado satisface las necesidades de cada uno, es decir es eficaz, y es además percibida económicamente como más valiosa que otras, es decir, es eficiente, tanto empresas como sindicatos tendrían más cerca el acuerdo y las personas verían satisfechas aquellas cosas que les preocupan: su familia, sus proyectos personales y su orgullo de pertenencia a la empresa en la que trabajan. 

Muchas empresas ya han acometido la idea de personalizar la propuesta de valor. El desafío es dar a cada persona lo que realmente necesita y no ofrecer aquello que por el momento no necesita ni demanda. Esta orientación se aprecia positiva en los indicadores: mayor productividad por un mejor ajuste del salario (emocional) y por una mayor armonía tiempo de trabajo/tiempo personal; mejora de la capacidad de atracción y retención por atender las necesidades individuales que otras empresas no atienden; mayor compromiso por el incremento de la motivación que termina revirtiendo en la productividad. 

Ahora bien, resulta necesaria una condición: un liderazgo efectivo junto a la genuina voluntariedad de querer hacerlo al ser sincera la creencia de que merece la pena personalizar la propuesta de valor porque maximiza la demanda de empleo. Desde el CEO hasta quien sea responsable del equipo más pequeño de colaboradores, la preocupación por las inquietudes de las personas es determinante para que las 6 de la tarde sea verdaderamente el último minuto de la jornada.

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