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Enrique Rodríguez Balsa, Human Resources Director de Alcalá-Farma
Los Recursos Humanos Cuánticos (X): Una mirada cuántica
POR Enrique Rodríguez Balsa, Human Resources Director de Alcalá-Farma, 00:01 - 19 de Noviembre del 2021
Los Recursos Humanos Cuánticos (X): Una mirada cuántica

A estas alturas de la miniserie literario cuántica de mi particular Netflix, confieso abochornado que soñaba con encontrarme algo más leído, o quizás alzado a algún pináculo profesional por mi ingeniosa y disruptora idea o –al menos- rodeado por #haters, plagiadores o escépticos comentando que me dedicara mejor al abordaje de realidades dolorosas y grises en lugar de añadir calificativos a la larga lista existente en la gestión de personas. “Recursos humanos cuánticos” no ha pasado del elogio barato y vanidoso de mi propio autobombo ni de los generosos comentarios de amigos. Un baño de realidad. No moriré #gurú.

No importa: aquí me tenéis dispuesto a cerrar estos diez capítulos con un broche digno. Al menos, digno.

Hace unos días, trabajábamos con una metodología de “Lean Management” en el comité de dirección de mi empresa. No recuerdo qué objetivo de la utilísima “X-matrix” estábamos abordando, pero sí recuerdo que al definir su medición y el indicador que debería reflejar su deseada mejora, mi directora general –una apasionada convencida, con pruebas, de esta metodología- hizo el comentario que me sirvió de detonante para volver a mi interés por la teoría cuántica y sus ojos probabilistas. “Tened en cuenta que tan sólo con anunciar e iniciar la medición y la recogida de datos, todo empezará a cambiar”. Un corolario esencial de uno de los principios de la mecánica cuántica; en la física cuántica, las medidas que se realizan para conocer el valor de alguna magnitud cambian el estado del sistema. En la gestión de personas, también.

Una mirada cuántica al modo establecido en nuestra organización para crear las condiciones de trabajo, rendimiento y estado emocional de los que trabajan en ella puede salvarnos de muchas decepciones, ahorrarnos mucho dinero y abrirnos puertas a oportunidades no contempladas. Así lo creo.

Ya percibo alguna mueca escéptica en ti y en ti. Al menos, me habéis leído hasta aquí. Si queréis seguir haciéndolo, os diré algo de Perogrullo: toda empresa, toda organización, tiene un sistema establecido y difundido de gestión de su personal. Por acción u omisión, el sistema existe. Puede que sea objeto de reflexión y de búsqueda de coherencia –beneficiosa o perjudicial- o puede que sea fruto de la improvisación, el palabreo fácil, el engaño pretendido o la el intento manipulador más artero, pero siempre –siempre- existe un sistema de acciones y reacciones establecido en la práctica. Que ese sistema esté construido por una maraña de mutuos intentos de engaño, por una poesía infantiloide alejada de la realidad que produce una cruda prosa de relaciones laborales desconfiadas o que sea un intento decidido de alinear voluntades y emociones individuales con objetivos colectivos… ésa, amigos, es la gran diferencia. Y es una decisión directiva. Empieza con una simple –que no sencilla- decisión directiva.

Una decisión que suele ser la extensión natural de una convicción o de una creencia… o de una simple presunción.

¿Considero que las personas son esencialmente zoquetes que ganan más de lo que merecen por calentar sus sillas, incluso las de sus casas, mientras buscan ampliar sus derechos y limitar sus deberes y no focalizarse en lo que les ofrecen como objetivo los que piensan de verdad? Voilà!, ya tenemos un sistema en marcha que es independiente de la web corporativa o del discurso buenista y edulcorado de la cena de Navidad.

¿Estoy convencido de que ganar dinero – vía aumento de ingresos o vía control de gastos- es el “ABC” de toda empresa y de que cualquier adorno complementario es sólo eso, un retoque estético que hay que controlar para que no mate o debilite el flujo de energía que requiere la generación de EBITDA? La criatura resultante estará permanentemente orientada al beneficio individual –el del director general, el contable o la recepcionista- y todo el sistema será una cuenta de pérdidas y ganancias sin alma y sin esfuerzo extra no recompensado con cifras. “Tú haz como que trabajas, que yo haré como que te pago”.

Los modelos son tan diversos como la naturaleza humana puede diseñar. Y ésta es una entidad muy fértil si se aplica. En muchos casos, basta con fumarse un pitillo o –más sano- comerse una manzana en las puertas de acceso de una organización, para detectar indicios evidentes del sistema real que prevalece de puertas adentro. O realizar un viaje en AVE o avión sin mucha huella de carbono, pero con algo de escucha atenta.

Si sospechas que cada persona tiene un potencial oculto que sólo libera por la poderosa razón de que “le da la gana”; si intuyes que -por tanto- cada acción que las afecta no tiene una respuesta mecánica establecida, sino que depende de su confianza en el mensajero, de su experiencia de respeto a sus sentimientos y emociones, de su deseo de crecer y de aportar, lo que convierte cada reacción suya en un mundo de probabilidades; si tienes la experiencia de que una acción aislada, un ejemplo concreto de trato positivo o denigrante a una persona, es comunicado de una manera vertiginosa a toda la plantilla, siguiendo una especie de entrelazamiento emocional “espeluznante”; si mides con atención y prudencia el rendimiento de tus colaboradores porque sabes bien que una medición descarnada generará mecanismos de defensa y de respuesta que pondrán gravemente en riesgo el resultado final; si estos postulados pueden ser aceptados por ti como máximo directivo de una organización o como responsable de un pequeño equipo, entonces la mirada cuántica puede aportarte un nuevo modo más humano de entender la realidad laboral y empresarial.

Una realidad en la que no es excluyente el beneficio económico y el servicio social, en la que el objetivo individual no erosiona el fin corporativo y en la que no hay “recursos” que siguen programas cerrados, sino seres humanos libres, voluntarios y responsables que cada día deciden –con mayor o menor estado consciente- si entregan lo mejor de sí mismos o si actúan ciñéndose a un guion.

Acabaré, otro artículo más, con una cita de uno de los padres de la teoría cuántica. Una maravillosa frase de Richard Feynman sobre la Naturaleza, que saco de la mochila para aplicarla al entorno laboral. Un entorno que puede ser un excitante mundo de retos, desafíos, aprendizajes, crecimientos y logros siempre que aprendamos a entender su lenguaje profundo: “Para aquellos que no conocen las matemáticas, es difícil sentir la belleza, la profunda belleza de la naturaleza… Si quieres aprender sobre la naturaleza, apreciar la naturaleza, es necesario aprender el lenguaje en el que habla.”.

Nunca habría concedido a las matemáticas semejante poder transformador. Es lo que tiene mi mirada limitada.

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